12 agosto, 2022 03:35
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¿Se relanza el plan económico o se acata al FMI?

 

Alberto Fernández piensa la economía en clave ortodoxa. Independientemente del anuncio de ayer, sobre la designación de Silvina Batakis como flamante Ministra de Economía en reemplazo de Martín Guzmán. Déficit, emisión y gasto suelen mantener mayor presencia en sus discursos antes que salarios, inflación o distribución del ingreso. Esto implica que en el tramo que resta a su mandato, el presidente imagina varios puntos de contacto entre su plan económico y el programa del FMI. Guzmán cumplía un rol clave para Alberto Fernández: no sólo era el interlocutor ideal con el organismo, sino que también era el garante de impulsar una reforma de la economía como la piensa el primer mandatario.

No es impensado que el Gobierno deba negociar con el FMI lo que viene.

Es decir, que el FMI le pedirá al Gobierno alguna prenda a cambio de perdonarle los incumplimientos y hacer los desembolsos correspondientes. ¿Unificación del frente cambiario? ¿Recortes en el gasto público? ¿Definiciones concretas del universo que deberá pagar tarifa plena en servicios públicos? ¿Reformas? Si esto es lo que pedirá el FMI, es probable que el Gobierno lo ponga en marcha antes.

En el mientras tanto, habrá trabajo que hacer. No sólo suturar el hilván de cortocircuitos que ofrece la gestión pública de las distintas carteras de Gobierno, sino también reconducir las principales políticas económicas, con especial mención de la cuestión energética. Porque si algo quedará en evidencia con la salida de Guzmán y el recambio en la arquitectura de Gobierno, es que el programa del FMI y el consecuente plan económico en marcha pareciera haber fracasado no sólo en la meta trazada, sino también en el impacto que tiene en amplios sectores de la sociedad.

Hay varios elementos. La noticia es que, a pesar de las restricciones en la última semana, junio habría cerrado con una cifra cercana a los u$s9.000 millones. Huelga decir que sólo dos registros (energía) explican casi el 40% del incremento de las importaciones, por lo que el operativo montado para administrar la escasez deberá esmerarse para generar impacto suficiente.

A medida que avanza este esquema, si bien las pautas del primer semestre se cumplieron, como se esperaba, el programa del FMI se ha revelado como altamente inflacionario. Dicho de otra forma, el FMI produce más inflación en la Argentina, no menos. ¿Puede un Gobierno que se considera atento a la problemática socioeconómica de millones de argentinos avanzar en políticas que generan mayores incertidumbres en la vida cotidiana de las personas de ingresos más bajos? He ahí una decisión más política que económica.

Con todo, los problemas abundan. Hace rato que los inversores institucionales del exterior le bajaron el pulgar a la posibilidad de que los bonos soberanos argentinos se paguen en tiempo y forma (por eso el riesgo-país supera niveles insólitos). A ello hay que sumar un esquema donde el BCRA y Tesoro emiten deuda atada a inflación y ofrecen cada vez mayores tasas y ese mecanismo comienza a generar desconfianza, al punto que una parte de los tenedores de esa deuda pidieron salirse de la inversión contra emisión del BCRA.

Si bien es harto complejo el escenario y sería imposible de incluir cada uno de los puntos, basta decir que lo que depare el futuro tendrá menos de discrecional para el flamante gabinete. Es decir que habrá que decidir, primero, si se quiere mantener el acuerdo con el FMI o se busca una vía alternativa, renegociación o postergación del cumplimiento. Perdones y afines. Esto es así porque si bien el Gobierno cumplió con la foto al 30 de junio de la meta en reservas del BCRA acordada con el FMI en el segundo semestre, sobreviven elementos que dan para el análisis. Mencionemos dos más. El primero, producto de la apreciación del 24% del nivel del Tipo de Cambio Real Multilateral que lleva el gobierno de Alberto Fernández, ya hay casi 10% de brecha con respecto al compromiso asumido con el FMI de mantener los niveles de competitividad cambiaria fijados en diciembre de 2021. Es decir que, si quiere cumplir con Georgieva, debería acelerarse la devaluación. El segundo elemento es más impactante: si se lo piensa con cuidado, el programa firmado con el FMI ya dejó de funcionar como garante macroeconómico del Gobierno. He ahí una de las razones por la cual sube el riesgo-país y caen las cotizaciones de los bonos soberanos.

De fondo, el fantasma que recorre la Casa Rosada es el de una discusión más profunda. ¿Qué tipo de matriz económica quedará consolidada en la Argentina? ¿Será de ahora en más una economía signada por la comercialización de materias primas? ¿Dependerá la Argentina de su frente externo para poder salir adelante? ¿Cómo puede transformar eso en un modelo más igualitario e inclusivo?

 

Fuente: Ambito

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