30 mayo, 2024 06:06
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Roca y el relato oficial (por Hugo Haime)

La batalla cultural en la que el Gobierno está empeñado, incluye una lectura de la historia que parte de la idea de que es necesario volver a Roca para retomar el destino de grandeza nacional. El progreso nacional habría comenzado en dicho momento. Según el relato, un Estado pequeño, que expande fronteras, incorpora a las provincias, atrae inversión privada, habría dado lugar a un progreso que se vio interrumpido por el populismo yrigoyenista, y más tarde, en 1935 por la creación del Banco Central, principal generador de la inflación.

Hipólito Yrigoyen
Es un modo de contar la historia  y un concepto sobre cómo lograr desarrollo económico. ¿Pero eso se puede hacer en este siglo? ¿Y se hizo del modo en que nos cuentan? No es necesario denostar a la Generación del 80 para preguntarse si todo fue tan lineal. No veo sentido en discutir sobre la Campaña del Desierto y sus consecuencias sobre los pueblos originarios, porque nos desvía de la discusión sobre el concepto de Nación, el rol activo del Estado y la concepción sobre la sociedad civil.

 

Según Jorge Todesca, en su Libro El Mito del País Rico, “el Estado de 1880, lejos del laissez faire que aconsejaban los manuales del liberalismo, tuvo un papel central promoviendo la creación de infraestructura productiva. Por otra parte, la economía capitalista argentina nacía prácticamente oligopolizada por grandes estancieros, grandes banqueros, grandes frigoríficos, grandes ferrocarriles, y grandes comerciantes que, emparentados en la cúspide del poder, convirtieron su interés en el interés general.”

A su vez, se vivían situaciones antagónicas que no podrían coexistir por mucho tiempo, por un lado, estabilidad política y seguridad jurídica lograda a través del orden institucional, pero con un Estado que vivía endeudado con empréstitos que había que renegociar con asiduidad, un voto popular restringido a una minoría de ciudadanos, y ante los conflictos políticos y sociales  recurrir al Estado de Sitio.

Fue gracias a los inmigrantes y la coyuntura internacional que permitió la exportación de la materia prima que se dio un fuerte crecimiento del PBI. Era un país lleno de conflictos y contradicciones. Una sociedad que también tenía inflación. Comenta Todesca en el citado libro: “En 1890 el alza de precios fue del 34% y en 1891 del 45%”.

Como vemos, tuvimos inflación antes que el Central existiera, había emisión, había endeudamiento, y al calor del nuevo sistema productivo comenzaron los conflictos sociales. Roca le pidió a Bialet Massé un informe sobre la situación social en el país, y resultó un relato sobre las pésimas condiciones en que vivía gran parte de la sociedad argentina.

Como vemos la historia puede tener más de una versión y no parece que lo sucedido sea el modelo a imitar,  sin dejar de valorar aspectos positivos de la Generación del 80. Volviendo a nuestros días, está clara la necesidad de cambio que demanda la sociedad argentina, y sobre todo de parte de aquellos que, fuera del sistema productivo formal, perciben al Estado como una molestia para su propio desarrollo personal.

Un Estado que no es eficiente, que acepta intermediarios para asistir a la pobreza, que no pudo resolver la inflación ni la inseguridad, que dejó crecer la pobreza, obviamente va a aparecer junto a la dirigencia política como culpable de la falta de oportunidades para el desarrollo personal.

Ya en la época de Néstor Kirchner detectábamos a jóvenes que, inscriptos en planes de capacitación, aprendían computación y luego sólo conseguían trabajo como remarcadores de precios. Eso solo generaba frustración. La sociedad avisó y la política no supo reaccionar.

Hoy tenemos un Presidente que ha generado en sus votantes, especialmente los jóvenes, una expectativa de cambio, pero tiene el riesgo de generar frustración y enojo si sus políticas conllevan empobrecimiento y falta de oportunidades.

La demanda de estabilidad y orden cobra sentido en tanto condición para el progreso del conjunto.

Fuente: Perfil

Hugo Haime es Consultor y analista político.

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