3 marzo, 2024 19:13
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Los jóvenes brasileños elegirían a Lula da Silva

Más de dos millones de adolescentes de entre 16 y 18 años se registraron para votar pese a no estar obligados. Según las encuestas, la mayoría optaría por el líder de izquierda

Por JOAN ROYO GUAL

 

Richard da Silva tiene 16 años, estudia en un instituto público del centro de Río de Janeiro y sueña con estudiar “algo de psicología”. Cuando nació, en 2006, otro Da Silva algo más famoso, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, terminaba su primer mandato. El Da Silva estudiante apenas tiene recuerdos del Lula mandatario, pero está decidido a votarle en las elecciones del domingo: “Es una salida para el desgobierno que estamos viviendo. Necesitamos a un presidente que conozca al pueblo brasileño”, dice al teléfono totalmente convencido.

“Yo obviamente no me acuerdo de los gobiernos de Lula, pero lo veo muy presente en mi familia, en primos y tíos que consiguieron cambiar de vida de forma muy drástica durante esos años”, dice. Cita el ejemplo de su prima Elza, que consiguió estudiar pedagogía gracias a los programas de financiación de aquella época. Ahora es profesora. Para él, tiene todo el sentido que la campaña de Lula se haya volcado en la saudade (nostalgia) del pasado y en la promesa de un Brasil otra vez feliz.

Jóvenes muestran las pantallas de sus teléfonos móviles con el contenido que normalmente consumen.
Jóvenes muestran las pantallas de sus teléfonos móviles con el contenido que normalmente consumen. Foto: LEONARDO CARRATO

Algo parecido cuenta Inês de Jesús Cassoma, de 21 años y residente en Nova Iguaçú, en la periferia de Río. Ella sí que podría haber votado antes, pero no lo hizo. Ahora se confiesa nerviosa. “Ni te imaginas lo ansiosa que estoy. Mi voto, como el de otros jóvenes puede ser y será determinante para el futuro de Brasil”, dice. Aunque valora que lo ideal sería poder colocar a una mujer negra en la Presidencia, “como Marielle Franco” (la concejala y activista asesinada en 2018), Cassoma se identifica con Lula sobre todo por las políticas que implementó en favor de la educación pública. Ella es hija de refugiados angoleños que llegaron a Brasil huyendo de la guerra, y su padre pudo estudiar Sociología en la universidad gracias a un programa de ayudas a refugiados e inmigrantes de los años lulistas. “Eso hizo que cambiara todo. Yo no sería la misma sin la educación que recibí de mis padres”, comenta.

Cassoma lamenta haber vivido años convulsos: recortes, huelgas de profesores y una pandemia que evidenció que la enseñanza remota en los hogares más pobres es ciencia ficción. “Antes de Bolsonaro las escuelas públicas ya estaban abandonadas, pero eso se ha fortalecido. La desigualdad entre las escuelas públicas y privadas de Brasil se mantiene, hay un desamparo total por parte del Gobierno”, critica. Con la llegada de la pandemia debió aplazar sus planes de estudiar Derecho o quizá Historia de África. En lugar de eso, montó Cassoma Beauty, una marca de cosmética especializada en belleza negra, pero no descarta retomar los planes de estudiar.

Estos jóvenes consideran que Lula, a pesar de ser un señor de 76 años, está al tanto de lo que se debate en el mundo en cuestiones de derechos LGTBIQIA+, antirracismo o cambio climático, por ejemplo, pero sobre todo valoran las políticas en favor del acceso de los más pobres a la universidad pública implementadas durante los años en el poder del Partido de los Trabajadores (PT). Las cuotas raciales, por ejemplo, cambiaron para siempre las facultades otrora elitistas y mayoritariamente blancas. Es algo de lo que Lula suele alardear en mítines y entrevistas que le conecta con este electorado.

Para estos jóvenes, esa especie de legado pesa mucho más que los años en que el líder de izquierdas protagonizó portadas y telediarios por las tramas de corrupción destapadas con la Operación Lava Jato y su entrada en la cárcel. Sus condenas por corrupción fueron anuladas. “Siempre pensé que todos esos escándalos fueron un golpe, una estrategia para machacarle. No creo que le hayan afectado mucho”, dice Da Silva, el joven. De alguna forma, prevalece la idea de que Lula fue víctima de una persecución judicial y política que buscaba apartarle del poder a toda costa. Otros destacan especialmente su rechazo a las críticas que Jair Bolsonaro lanzó contra la transparencia del sistema de urnas electrónicas que rige en Brasil desde hace 25 años. Las consideran una estrategia para no reconocer una eventual derrota.

Según una encuesta del instituto Datafolha del 22 de septiembre, la franja de edad donde Lula tiene más ventaja frente a Bolsonaro es la que va de los 16 a los 24 años. El 54% apuesta por él, 30 puntos más que los que prefieren al líder ultraderechista. Otra medición de finales de julio señalaba que el 70% de los jóvenes brasileños no votaría a Bolsonaro bajo ninguna circunstancia.

“La policía es nuestro principal problema. Vienen fuertemente armados y no lo necesitan. Los residentes están asustados. La favela es siempre el último lugar en ser blanco de los políticos. Aquí solo vienen a ganar votos”. Marcos Vinicius Medeiros, 19 (asistente en una guardería infantil)
“La policía es nuestro principal problema. Vienen fuertemente armados y no lo necesitan. Los residentes están asustados. La favela es siempre el último lugar en ser blanco de los políticos. Aquí solo vienen a ganar votos”. Marcos Vinicius Medeiros, 19 (asistente en una guardería infantil). Foto: LEONARDO CARRATO
“El país está en un momento político muy complicado. Decidí votar este año porque puede ser muy importante. Espero que mi voto pueda ayudar a que mi país sea más igualitario en valores raciales y sociales”. Ana Carolina Domingos da Silva, 22 (miembro de la iglesia evangélica)
“El país está en un momento político muy complicado. Decidí votar este año porque puede ser muy importante. Espero que mi voto pueda ayudar a que mi país sea más igualitario en valores raciales y sociales”. Ana Carolina Domingos da Silva, 22 (miembro de la iglesia evangélica). Foto: LEONARDO CARRATO
“Con toda la polarización de las elecciones de 2018, yo tenía 13 años, pero ya sabía que era bisexual y Bolsonaro ya tenía sus líneas homofóbicas. Quería poder votar, pero no pude. Brasil es el país donde más personas trans son asesinadas y tenemos un presidente que fomenta eso, y lo hizo público. Sus seguidores no se avergüenzan de reproducir estos discursos. Ya los estamos viendo matar a otros solo por convicciones políticas. Ahora, en 2022, me veo obligado a registrarme para poder votar para sacar a Bolsonaro de la Presidencia”. Uriel Victorino, 17 (estudiante de Enfermería)
“Con toda la polarización de las elecciones de 2018, yo tenía 13 años, pero ya sabía que era bisexual y Bolsonaro ya tenía sus líneas homofóbicas. Quería poder votar, pero no pude. Brasil es el país donde más personas trans son asesinadas y tenemos un presidente que fomenta eso, y lo hizo público. Sus seguidores no se avergüenzan de reproducir estos discursos. Ya los estamos viendo matar a otros solo por convicciones políticas. Ahora, en 2022, me veo obligado a registrarme para poder votar para sacar a Bolsonaro de la Presidencia”. Uriel Victorino, 17 (estudiante de Enfermería). Foto: LEONARDO CARRATO
“Ya perdí a mi primo por la violencia policial. Ninguna familia se merece esto. La policía tiene que salir de las favelas. El voto es importante en este momento para mejorar la condición de los residentes aquí. Tengo esta esperanza, en el fondo de mi corazón, muy, muy en el fondo la tengo. Votaré por la favela”. Rayssa Brandão, 17 (futura estudiante de Enfermería)
“Ya perdí a mi primo por la violencia policial. Ninguna familia se merece esto. La policía tiene que salir de las favelas. El voto es importante en este momento para mejorar la condición de los residentes aquí. Tengo esta esperanza, en el fondo de mi corazón, muy, muy en el fondo la tengo. Votaré por la favela”. Rayssa Brandão, 17 (futura estudiante de Enfermería). Foto: LEONARDO CARRATO
“Oh, vamos, por el amor de Dios, ¿cómo puede alguien no creer en las máquinas de votación electrónicas? ¡De ninguna manera!" Amanda Sena, 20 (activista por la igualdad de género)
“Oh, vamos, por el amor de Dios, ¿cómo puede alguien no creer en las máquinas de votación electrónicas? ¡De ninguna manera!» Amanda Sena, 20 (activista por la igualdad de género). Foto: LEONARDO CARRATO
“Cuando murió mi madre y vi cómo era el momento político, me di cuenta de que ahora era mi voto el que reemplazaba al de mi madre. Siempre votó por gente de izquierda, negros, mujeres... Siempre votó por causas que nos defendían. Porque siempre he sido pobre, soy negro y es algo que necesitamos: representantes que estén a nuestro favor”. Richard da Silva, 16 (miembro de la Unión Socialista de la Juventud)
“Cuando murió mi madre y vi cómo era el momento político, me di cuenta de que ahora era mi voto el que reemplazaba al de mi madre. Siempre votó por gente de izquierda, negros, mujeres… Siempre votó por causas que nos defendían. Porque siempre he sido pobre, soy negro y es algo que necesitamos: representantes que estén a nuestro favor”. Richard da Silva, 16 (miembro de la Unión Socialista de la Juventud). Foto: LEONARDO CARRATO
"Este discurso de Bolsonaro sobre el fraude es un poco una broma. Creo que viene de gente que no acepta perder y trata de perturbar todo el sistema. Las máquinas electrónicas se han utilizado durante mucho tiempo y nunca ha habido ningún problema. ¿Por qué ahora?" Bhrenda Dias Machado, 18 (estudiante)
«Este discurso de Bolsonaro sobre el fraude es un poco una broma. Creo que viene de gente que no acepta perder y trata de perturbar todo el sistema. Las máquinas electrónicas se han utilizado durante mucho tiempo y nunca ha habido ningún problema. ¿Por qué ahora?» Bhrenda Dias Machado, 18 (estudiante). Foto: LEONARDO CARRATO

 

Fuente: El País

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