3 marzo, 2024 08:51
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Hospitales en Gaza sin suministros, albergues de la ONU sin agua.

 

Médicos en Gaza advirtieron este domingo que miles de personas podrían morir si los hospitales llenos de heridos se quedan sin combustible y suministros básicos, y los albergues de las Naciones Unidas en Gaza se han quedado sin agua. Los palestinos en el asediado enclave costero trataban de conseguir comida, agua y un lugar seguro antes de una ofensiva israelí terrestre en la guerra iniciada la semana pasada por un letal ataque de Hamas. 

Las fuerzas israelíes, respaldadas por un creciente despliegue de buques estadounidenses en la región, se posicionaron a lo largo de la frontera de Gaza y ensayaban lo que Israel dijo que sería una amplia campaña para desmantelar al grupo miliciano. Los duros ataques aéreos de la última semana han destruido vecindarios enteros, pero no han logrado detener el fuego de cohetes milicianos a Israel.

El Ministerio de Salud de Gaza informó de 2.670 palestinos muertos y 9.600 heridos desde que comenzaron los combates, más que la guerra de 2014 en Gaza, que duró unas seis semanas. Eso convierte la contienda en la más letal de las cinco guerras de Gaza para ambos bandos. Más de 1.400 israelíes han muerto, la gran mayoría civiles asesinados en el ataque de Hamas del 7 de octubre. Se calcula que otros 155, incluidos niños, fueron capturados por Hamas y llevados a Gaza. Esta es la guerra más mortal para Israel desde la Guerra de Yom Kipur de 1973 con Egipto y Siria.

Se esperaba que los hospitales se quedaran sin combustible para generadores en dos días, según Naciones Unidas, que dijo que eso pondría en peligro las vidas de miles de pacientes. La única central eléctrica de Gaza se apagó por falta de combustible después de que Israel bloqueara los accesos al territorio de 40 kilómetros (25 millas) de largo tras el ataque de Hamas.

En el Hospital Nasser, en la localidad sureña de Jan Yunis, las unidades de cuidados intensivos estaban llenas de heridos, la mayoría niños menores de tres años. Cientos de personas con graves lesiones por explosiones habían llegado al hospital, donde se esperaba que el combustible se acabara el lunes, indicó el doctor Mohammed Qandeel, médico de cuidados críticos en el centro.

Hay 35 pacientes en la UCI que dependen de respiradores para seguir con vida y otros 60 en diálisis, señaló. Si se acaba el combustible, “supone que todo el sistema de salud se apagará, los servicios se quedarán desconectados”, dijo.

“Hablamos de otra catástrofe, otro crimen de guerra, una tragedia histórica”, dijo, mientras de fondo se oía el lamento de dolor de los niños. “Todos estos pacientes están en peligro de muerte si se corta la electricidad”, dijo el doctor Mohammed Qandeel.

En el hospital Kamal Alwan, en el norte de la Franja de Gaza, el doctor Hussam Abu Safiya, director de pediatría, dijo que no habían evacuado pese a la orden israelí porque no había forma de trasladar a los pacientes sin poner sus vidas en peligro. Había siete recién nacidos en la UCI conectados a respiradores, dijo. “No podemos evacuar, supondría su muerte y la de otros pacientes a nuestro cuidado”.

Además, seguían llegando pacientes con miembros cercenados, quemaduras graves y otras lesiones que ponían en riesgo sus vidas. “Da miedo”, dijo.

El hospital de Shifa en Ciudad de Gaza, el más grande del territorio, indicó que enterraría 100 cuerpos en una fosa común como medida de emergencia porque su morgue estaba desbordada y las familias no podían sepultar a sus seres queridos. Decenas de miles de personas se han congregado en el complejo del hospital en busca de cobijo.

“Una catástrofe humanitaria sin precedente se destá desenvolviendo ante nuestros ojos”, declaró Philippe Lazzarini, director de la agencia de la ONU para refugiados palestinos.

Gaza ya vivía una crisis humanitaria debido a la creciente escasez de agua y material médico provocada por el bloqueo israelí. Algunas panaderías cerraron y la gente dijo que no podía comprar pan. Israel también ha cortado el agua, lo que obliga a muchos a recurrir a pozos salobres.

El asesor de seguridad nacional estadounidense Jake Sullivan dijo a CNN que las autoridades israelíes le informaron que habían restablecido el servicio de agua en el sur de la Franja de Gaza. El ministro de energía y agua de Israel, Israel Katz, dijo en un comunicado que se había restablecido el agua “en un punto específico” en Gaza, pero no dio detalles. Los grupos de asistencia en Gaza dicen que no han visto evidencia de que se ha restablecido el suministro de agua.

Israel dejó caer panfletos sobre Ciudad de Gaza en el norte y reiteró sus advertencias en redes sociales para ordenar a más de un millón de palestinos de Gaza —casi la mitad de la población— que se fueran al sur. El ejército dijo que intentaba alejar a los civiles antes de una gran campaña contra milicianos de Hamas en el norte, donde tienen amplias redes de túneles y búnkeres.

Hamas instó a la gente a permanecer en sus casas, y el ejército israelí publicó fotografías que, según dijo, mostraban un control de carretera de Hamas que impedía el tráfico hacia el sur.

A pesar de eso, más de 600.000 personas han evacuado Ciudad Gaza, indicó el principal vocero militar israelí, contraalmirante Daniel Hagari.

 

Naciones Unidas y grupos humanitarios dijeron que el éxodo masivo en Gaza, junto con el asedio israelí al territorio, causarían un sufrimiento humano indescriptible. La Organización Mundial de la Salud dijo que la evacuación “podría equivaler a una sentencia de muerte” para los más de 2.000 pacientes en hospitales norteños.

Unas 500.000 personas, casi una cuarta parte de la población de Gaza, se refugiaban en escuelas de las Naciones Unidas y otras instalaciones en todo el territorio, donde los suministros de agua estaban disminuyendo, dijo Juliette Touma, portavoz de la agencia de refugiados de la ONU. “Gaza se está secando”, agregó.

El ejército dijo el domingo que no atacaría ninguna ruta al sur desde las 10:00 a.m. y hasta la 1 p.m. e instó de nuevo a los palestinos a abandonar el norte.

 

Estados Unidos intenta negociar la reapertura del paso de Rafah entre Gaza y Egipto para permitir que estadounidenses y otros extranjeros puedan marcharse y la ayuda humanitaria acumulada en el lado egipcio entre en el territorio. El cruce, que cerró por los ataques aéreos al inicio de la guerra, no ha reabierto por el momento.

En la frontera entre Israel y Egipto, al sur, el Paso de Rafah

Israel ha dicho que el asedio sólo se levantará con el regreso de los cautivos.

Cientos de familiares de las aproximadamente 150 personas capturadas por Hamas en Israel y trasladadas a Gaza se congregaron ante el Ministerio israelí de Defensa en Tel Aviv para reclamar su liberación.

“Este es mi grito al mundo: por favor, ayuden a traer a mi familia, mi esposa y tres hijos”, dijo Avihai Brodtz de Kfar Azza. Muchos expresaron su descontento con el gobierno y dijeron que no tenían información sobre sus seres queridos.

Los ataques con cohetes de Hamas contra Israel continuaron el domingo, lo que provocó una evacuación más amplia de la ciudad de Sderot, en el sur de Israel. La ciudad de unos 34.000 habitantes se encuentra a aproximadamente 1,6 kilómetros (una milla) de Gaza y ha sido un objetivo frecuente de cohetes. “Los niños están traumatizados, no pueden dormir por la noche”, dijo Yossi Edri al Canal 13 antes de abordar un autobús.

El ejército dijo el domingo que un ataque aéreo en el sur de Gaza había matado a un comandante de Hamas al que se responsabilizaba de los asesinatos en Nirim, una de las poblaciones que atacó Hamas en el sur de Israel. Israel dijo haber alcanzado 100 objetivos militares durante la noche, incluidos centros de mando y lanzacohetes.

En el norte, combatientes de Hezbollah lanzaron cohetes y un misil antitanque e Israel respondió con ataques aéreos y fuego de artillería, según el ejército. Israel también reportó un ataque a tiros contra uno de sus puestos fronterizos. La violencia mató a por lo menos una persona del lado israelí y dejó varios heridos en ambos lados. Israel cerró después el acceso a zonas hasta a 4 kilómetros (2,5 millas) de la frontera y ordenó a los civiles a dos kilómetros de distancia que se cobijaran en espacios seguros.

Manifestantes queman una bandera israelí durante una manifestación organizada por Hezbolá en las calles de la ciudad portuaria de Sidón, en el sur del Líbano, el 22 de diciembre de 2017, para protestar contra el reconocimiento por parte del presidente estadounidense Trump de Jerusalén como capital de Israel. MAHMOUD ZAYYAT/AFP A TRAVÉS DE GETTY IMAGES. Foto de archivo

Una vocera de Hezbollah, Rana Sahili dijo que los ataques representan “una advertencia” y que no significa que Hezbollah ha decidido entrar en la guerra.

Israel y Hezbollah, que libraron una guerra devastadora en 2006, han intercambiado fuego junto a la frontera en varias ocasiones desde el inicio de la nueva guerra en Gaza.

Israel ha movilizado unos 360.000 reservistas y acumulado tropas y tanques a lo largo de la frontera con Gaza. Los milicianos en Gaza han lanzado 5.500 cohetes desde que comenzaron los combates, muchos de los cuales han llegado al corazón de Israel, mientras los aviones israelíes golpeaban Gaza.

Los funcionarios israelíes dijeron que el objetivo de su ofensiva en Gaza era destruir a Hamas.

“Si Hamas pensó que nos desmoronaríamos, entonces no: destrozaremos a Hamas”, dijo el primer ministro Benjamín Netanyahu al inicio de la reunión del gabinete de Israel el domingo.

Los funcionarios israelíes no dieron ningún calendario para una invasión terrestre.

En un mensaje televisado el sábado por la noche, el contraalmirante Daniel Hagari, vocero jefe del ejército, dijo que “pronto vamos a atacar Ciudad de Gaza muy ampliamente”, sin concretar el momento del ataque.

Cuando se le preguntó en una conferencia de prensa si Israel trataría como combatientes a los civiles que se queden en el norte, el teniente coronel Richard Hecht, otro portavoz militar, dijo que “por eso hemos instado a la gente que no está relacionada con Hamas a moverse al sur”.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, dijo el sábado por la noche que Estados Unidos enviaría un segundo grupo de ataque de portaaviones, el USS Dwight D. Eisenhower, al Mediterráneo oriental. Era una demostración de fuerza para disuadir a aliados de Hamas, como Irán o el grupo armado libanés Hezbollah, de buscar una expansión de la guerra.

Por su parte, el secretario estadounidense Blinken se reunió en Riad con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman dentro de los esfuerzos del gobierno de Biden de impedir un conflicto regional más amplio. El príncipe Mohammed era el sexto líder árabe con el que se reunía Blinken desde su llegada a Oriente Medio el jueves.

Hamas seguía desafiante. En un discurso televisado el sábado, Ismail Haniyeh, un líder del grupo, afirmó que “todas las masacres” no quebrarían al pueblo palestino.

El portavoz de Hamas Jihad Taha dijo a The Associated Press en Beirut que Israel “no se atreve a librar una batalla por tierra” por los rehenes. Mencionó la posible entrada en batalla de Hezbollah y otras fuerzas regionales si Israel emprende una invasión por tierra, aunque declinó decir si habían hecho algún compromiso concreto.

Albergues de la ONU se quedan sin agua

 

Los albergues de las Naciones Unidas en Gaza se han quedado sin agua mientras miles de personas atestan los terrenos del hospital más grande del territorio como último recurso ante la inminente ofensiva terrestre israelí, y los abrumados doctores pasan apuros para atender a pacientes de los que temen morirán cuando los generadores se queden sin combustible.

Israel ha cortado el flujo de alimentos, medicamentos, agua y electricidad hacia Gaza, ha destruido vecindarios enteros con sus ataques aéreos, y pidió a los aproximadamente 1 millón de habitantes del norte del territorio que se desplacen hacia el sur en anticipación a un ataque planeado por las fuerzas armadas israelíes. El Ministerio de Salud de Gaza señaló que han muerto más de 2.300 palestinos desde que se desataron los combates el fin de semana pasado.

A lo largo del día, los habitantes de la ciudad hicieron fila durante horas afuera de las panaderías ante los temores de que escaseen los alimentos. Umm Abdullah Abu Rizq se formó a las 7 de la mañana con la esperanza de comprar comida para alimentar a su familia y otras personas que se resguardan en su casa.

“¿Esto es suficiente para siete familias y sus hijos?”, preguntó mientras sostenía una pequeña bolsa de plástico con pan. No pudo comprar más.

En Jan Yunis, los residentes se dirigieron a toda prisa a las mezquitas, que por ahora todavía tenían a disposición suministros de agua limpia. Eyed Aqel, un residente, indicó que los cortes generalizados en el suministro eléctrico significaban que no se podía bombear agua para reabastecer su cisterna. Sostenía un pequeño contenedor de plástico que dijo sería el suministro de su familia para lavar y cocinar.

Los grupos de ayuda pidieron protección para más de 2 millones de civiles en Gaza, solicitando que se establezca un corredor de emergencia para el traslado de asistencia humanitaria. No había indicios de que esa medida vaya a ser implementada en el futuro cercano, declaró Ahmed al Mandhari, director regional de la Organización Mundial de la Salud.

La agencia tiene suministros en Egipto, al otro lado de la frontera con Rafah, pero no cuenta con permiso de Egipto ni de Israel para hacer entrega de ellos.

“La diferencia con esta intensificación es que no tenemos asistencia médica que esté llegando del exterior, la frontera está cerrada, no hay luz y esto es un grave peligro para nuestros pacientes”, dijo el doctor Mohamed Qandeel, quien trabaja en el hospital Nasser, en el sur del área de Jan Yunis.

Los doctores en la zona de evacuación dijeron que no podían reubicar a sus pacientes a salvo, así que decidieron quedarse para atenderlos.

“No vamos a evacuar el hospital, incluso si esto nos cuesta la vida”, dijo el doctor Hussam Abu Safiya, director de pediatría en el hospital Kama Adwan en la ciudad de Beit Lahia.

Si ellos se van, los siete recién nacidos que se encuentran en la unidad de cuidados intensivos morirían, declaró. E incluso si pudieran trasladarlos, no hay a dónde enviarlos dentro del territorio costero de 40 kilómetros (25 millas) de longitud.

Se ha desbordado la capacidad de la morgue del hospital Al-Shifa, en la ciudad de Gaza. Foto Afp

En el hospital Shifa de Ciudad de Gaza, el corazón de la zona de evacuación, funcionarios médicos calcularon que al menos 35.000 hombres, mujeres y niños se apiñaban en los extensos terrenos abiertos, escaleras y corredores, con la esperanza de que el lugar les dé protección de los combates. “Su situación es muy difícil”, dijo el director del hospital, Mohamed Abu Selmia.

Incluso así, cientos de heridos siguen llegando todos los días al hospital, indicó.

El Ministerio de Salud de Gaza emitió un llamado urgente a la comunidad internacional para que envíe personal médico de reemplazo.

Aproximadamente medio millón de residentes de Gaza se han resguardado en albergues de la ONU en todo el territorio, y se están quedando sin agua, dijo Juliette Touma, portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), quien añadió que el personal de la ONU también ha comenzado a racionar el agua.

Alrededor de 250.000 personas en Gaza se trasladaron a albergues en las últimas 24 horas, la mayoría de los cuales son escuelas de la ONU en donde “ya se acabó el agua limpia”, dijo Inas Hamdan, otra vocera de la UNRWA.

Gazacíes refugiados en las escuelas de la UNRWA en la Franja de Gaza. UNRWA / X

En distintos puntos de Gaza, las familias racionaban los suministros de agua, y muchas personas se veían obligadas a beber agua sucia o salobre. Muchos recurrieron a pozos sucios o al mar, lo que aumentaba el riesgo de deshidratación, enfermedades transmitidas a través del agua, y más fallecimientos.

 

Fuente: AP

Samya Kullab informó desde Bagdad y Krauss desde Jerusalén. Los periodistas de Associated Press Julia Frankel en Jerusalén, Abby Sewell en Beirut y Samy Magdy en El Cairo contribuyeron a este despacho.

Ravi Nessman es director de texto global de The Associated Press. Ha cubierto las noticias más importantes en Estados Unidos, África, Medio Oriente y el sur de Asia.

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