24 mayo, 2024 22:39
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ESCORPIONES EN EL BARRO

“Es inútil esperar o pedir que los precandidatos dejen de pelear como perros”. | GCBA

A la fábula se le atribuyen diversos orígenes. Hay quienes dicen que su autor es Esopo, esclavo griego devenido en escritor dieciséis siglos atrás, y considerado el padre de la fábula como género. Otros la ubican como cuento budista. E incluso están los que aseguran que se trata de una leyenda tradicional africana. Lo que resulta indudable es que la popular fábula de la rana y el escorpión es un relato esencialmente ontológico. Lo demuestra el hecho de que el escorpión jure a la rana que no le clavará su venenoso aguijón en caso de que esta confíe en él y acepte llevarlo en su espalda para cruzar el río, pese a lo cual el arácnido incumple su promesa, hunde la púa y provoca la muerte de ambos, ella envenenada y él ahogado, no sin antes decir: “Lo siento, ranita, es mi naturaleza”.

 

La ontología es la rama de la filosofía que se ocupa del ser en cuanto lo que es y no puede dejar de ser. Lo inmodificable, lo ajeno a condiciones externas o a la propia voluntad. Esta es la moraleja de la fábula del escorpión y la rana. Quizás un tanto dura si se la considera como relato infantil, pero necesaria. Explica que no se puede confiar en quien promete no ser lo que es y que tampoco uno puede prometerse a sí mismo cambiar la propia naturaleza. A quien pretenda ir contra esta verdad ontológica (sobre todo en épocas de autopercepción) la vida se encargará, tarde o temprano, y por diferentes caminos, de recordársela.

Es inútil, entonces, esperar o pedir que los precandidatos que competirán en las próximas PASO dejen de pelear entre sí como perros rabiosos, abandonen las deplorables bravatas que se cruzan, recuerden que son aspirantes a conducir un país y no a liderar una barra brava.

Son fieles a una naturaleza en la que no cabe la posibilidad de un debate adulto, ni hay lugar para la escucha y la fundamentación razonada que permitan vislumbrar un futuro convocante y esperanzador. Ya es tarde, y seguirá siendo en vano, aguardar de ellos el despliegue de programas, la explicación comprensible y lógica de cómo harán para cumplir con lo que prometen. A dos semanas de las elecciones primarias (obligatorias solamente en la Argentina, otro disparate nacional) no solo no irán contra su ser, sino que lo seguirán exhibiendo al desnudo. Más al desnudo, si fuera posible, en la medida en que más cercana sea la fecha y más intensa su ansiedad o su desesperación por jurar que no son lo que son para que los electores los lleven a la otra orilla del río, en donde se encuentra la candidatura.

En esta simulación antinatural el mentiroso quiere pasar por sincero, el traidor jura fidelidades, el ignorante y desconocedor de cuestiones elementales de la economía, la política o las leyes de lo social se finge instrumentado. Pero finalmente, como ocurre con quienes carecen de talento natural para desplegar argumentos y de solidez intelectual para exponerlos, terminan en el insulto, la agresión, la valentonada barata y el tribuneo desfachatado. Una suma de actitudes que, en definitiva, son un desprecio a la ciudadanía, a un electorado deprimido y escéptico, víctima de una desesperante realidad cotidiana, que los mira cada vez más ajeno a ellos, como ellos lo están a lo que llaman “pueblo”, “gente”, “vecinos”, etcétera.

Mientras pretenden no ser lo que son, con escaso poder de convicción y demasiados antecedentes a la vista y en la memoria colectiva, en las elecciones de cada domingo la abstención y el voto en blanco crecen. En los 18 comicios realizados hasta el domingo 23 de julio de este año se abstuvieron de votar un millón de personas más respecto de 2019, con lo que el número de ausentes llegó casi a cinco millones. Y entre los participantes aumentó el voto en blanco, toda una opinión sobre los candidatos, al tiempo que, de acuerdo con la mayoría de las consultoras, la imagen negativa de todos los postulantes supera a la positiva. Muchas de sus peleas son para la tribuna, pero las tribunas se van vaciando, asqueadas. Mientras los escorpiones se pelean en el barro, las ranas son cada vez más desconfiadas. Contra lo ontológico nadie la talla.

 

Fuente: Perfil

Sergio Sinay es escritor y periodista.

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