26 mayo, 2024 09:02
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ENFRENTAR A LA ULTRADERECHA REQUIERE HISTORIZARLA

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”. (Rodolfo Walsh)

El paradigma de deshistorización de la práctica política de los sectores subalternos, que brillantemente describe Walsh mostrando la operación ideológica de los sectores dominantes, replica en su matriz conceptual, en el borramiento de la historia por parte de los aparatos ideológicos del Estado, de aquellos candidatos que en una coyuntura específica son puestos en forma para reproducir y ampliar los intereses de la llamémosle también “casta” económica, jurídica y política dominante.

Los candidatos del establishment, y dado el fracaso sistemático del proyecto neoliberal que deben desplegar, aparecen sin historia.

Al respecto, en una reciente investigación, el licenciado Ari Lijalad nos ofreció una clave central para historizar a Javier Gerardo Milei y mostrarlo como lo que es: un mascarón de proa para desplegar la cuarta ola neoliberal en el país.

Para entender a Milei, entonces, hay que observar sus bambalinas, qué hay por detrás, y más allá de sus morisquetas, dirigir entonces la mirada a Victoria Villarruel y sus soportes jurídicos, políticos y militares que se describen claramente en las investigaciones de Lijalad.

 

Parafraseando a Walsh, diremos que enfrentar con eficacia a la ultraderecha requiere historizarla.

 

Al respecto, leemos a Lijalad y Mizrahi: si Javier Milei es elegido presidente, Victoria Villarruel presidirá el Senado. Cuando el presidente viaje, será presidenta en ejercicio. El candidato ya dijo que su vice estará a cargo de las áreas de Defensa y Seguridad. Si Milei es destituido o sufre una enfermedad que le impida gobernar, se convertirá en presidenta.

El teléfono de Victoria Villarruel figuraba en la agenda del represor condenado excomisario Miguel Etchecolatz

Buena parte del destino de 47 millones de argentinos quedará en manos de una persona que se reunió al menos con diez genocidas en la cárcel de Marcos Paz entre 2014 y 2016. Uno estuvo involucrado en más de 250 secuestros, otro en 25 casos de torturas además de fusilamientos y desapariciones, uno fue agente de inteligencia que integró la patota de la ESMA y fue condenado además por delitos sexuales, otro fue condenado a prisión perpetua por robo de bebés, uno reprimió a poblaciones rurales, otro fue condenado por 84 casos de desapariciones.

Autopercibida representante de víctimas, su relación es mucho más estrecha con los victimarios. La candidata a vicepresidenta de La Libertad Avanza es poco consultada sobre estos vínculos y nada consultada sobre el dispositivo de abogados del establishment con los que comparte el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), revelados por El Destape. De sus relaciones con genocidas habla poco; de los negocios que vienen detrás de esas relaciones, nada.

Efectivamente, en el desarrollo de la investigación se observa que los mismos actores (hijos y nietos) que se presentaron detrás de cada ola neoliberal desplegada en nuestro país a partir de la última dictadura están presentes en el intento de iniciar la cuarta experiencia neoliberal en el país en un eventual gobierno “libertario”.

Una referencia al primer debate presidencial. El escenario mostró lo ya evidente: hay solo dos candidatos en disputa camino al muy probable ballottage.

Sergio Massa, por la expectativa que aún supone para un sector de la ciudadanía la continuidad del proyecto que se inició en 2003 y el cambio de ritmo impreso a la gestión desde que tomó el comando del Ministerio de Economía.

Javier Milei, que plantea un regreso al formato neoliberal en su cuarta oleada, cuyo último referente fue Mauricio Macri, pero sobredeterminando las prácticas represivas hasta superar el récord que señalara Correpi: un hecho de violencia institucional cada 19 horas de macriato.

Hay que señalar, finalmente, la gran participación de Myriam Bregman, en el capítulo de derechos humanos, aunque fue llamativo que, tanto ella como Sergio Massa –del resto no es esperable nada– no se hayan referido al intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Un atentado que resultó, por su magnitud política e institucional, la gran ruptura del pacto democrático del año 1983. Una pena.

 

Fuente: Perfil – Artemio López (Director de Consultora Equis)

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