14 agosto, 2022 23:51
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El peor día para Alberto Fernández (por Rubén Rabanal)

 

Hoy se cumplen seis días desde la renuncia de Martín Guzmán y el Gobierno aún no tiene respuestas a la crisis; nombró a su reemplazante, pero Silvina Batakis no definió aun un plan, o en palabras más simples, qué estrategia diferente a las que aplicaba Guzmán tiene pensada para dirigir la economía argentina.

El cristinismo mientras tanto acelera y le pide a Alberto Fernández más cambios. Hubo, aunque la portavoz presidencial también lo desmintiera, una segunda reunión entre los tres socios fundadores del experimento político que llevó al Frente de Todos al Gobierno. Cristina Fernández de KirchnerSergio Massa y Alberto Fernández tuvieron una ronda de consultas para tantear hasta donde el presidente está dispuesto a avanzar para reformular su Gobierno. Para el kirchnerismo la presidencia de Alberto terminó hace tiempo y la salida de Guzmán solo le puso el último clavo a la tapa.

“Guzmán los dejó tirados y ahí está otra vez Cristina poniendo la cara para sacar esto adelante”, dijo anoche Máximo Kirchner en su acto bonaerense. La pregunta es: ¿en qué piensa Cristina para salir adelante? ¿Qué medidas tomaría la vicepresidenta si se hace cargo efectivamente del Gobierno? El mercado tiembla ante esa posibilidad y de ahí parte de la explicación de los precios del dólar que se venían ayer.

Una punta de lo que puede venir la dio ayer la mano derecha ejecutora de sus políticas desde el Senado, Oscar ParriliCristina Fernández de Kirchner no integra el Senado constitucionalmente, sino el Poder Ejecutivo, aunque (con los resultados de la gestión a la vista) se empecine en negar su pertenencia a este Gobierno que ella misma modeló. Parrilli es quien presenta, entonces, las ideas que la vicepresidenta quiere bajar al recinto.

Así el senador alumbró ayer un proyecto de modificación al artículo 6 de la Ley de Granos, N° 21.453, por el que establece que «a los fines de la liquidación de los derechos de exportación, contribuciones, tasas, servicios y demás tributos que gravaren o beneficiaren la exportación de las mercaderías a que se refiere la presente ley, serán de aplicación los regímenes tributarios, de alícuotas, arancelario y de base imponible (precio índice, valor FOB, valor FOB mínimo o equivalente) vigentes a la fecha del registro de la correspondiente solicitud de destinación de exportación para consumo, o a la fecha de efectivo embarque de la citada exportación, el que resulte mayor”.

Para simplificar el texto: el cristinismo quiere que los exportadores de cereales registren las operaciones de exportación, pero que el precio final sobre el que se apliquen retenciones e impuestos sea el de ese momento del registro o el del embarque de la mercadería, tomando el Estado el que resulte mayor.

El rechazo del campo fue inmediato. Una medida de ese tipo implicaría que el productor no pueda calcular el precio real al que se liquida la exportación hasta el momento del embarque habiendo firmado mucho antes el contrato de venta con el comprador en el exterior. Tampoco puede cubrirse, como lo hacen los productores con seguros, de las modificaciones de precios que puedan producirse en el mercado mundial, menos en un momento de turbulencia como este. Hay otros argumentos en contra. Por ejemplo, la imposibilidad de aplicar una medida así con retroactividad.

Cristina Fernández de Kirchner hace tiempo que batalla con su obsesión por controlar el registro de exportaciones y así lo ha hecho. Sostiene que todos los productores se adelantan a registrar operaciones para cubrirse de precios futuros y anticiparse a la liquidación del fisco. El problema es que ahora, avance o no el proyecto, el temor a una medida de ese tipo paralizará las operaciones de granos, la única canilla de entrada masiva de dólares al país.

Argumentos para el temor del sector sobran. Alberto Fernández se sumó a la pasión kirchnerista por encontrar fantasmas en los cereales y por eso hace poco insistió con la creación de una empresa testigo «que te ordene el mercado» de alimentos. «No es un tema menor», dijo después de confesar que abandonaba la idea de estatizar Vicentin.

Para dejarlo en claro: el impacto de una modificación así en el campo sería similar a la parálisis que sufre la industria por el freno a las importaciones de insumos tras las últimas medidas del Banco Central para endurecer el cepo.

Batakis, mientras tanto, avanza con la definición de un Gabinete y se espera que hago lo mismo con alguna medida económica. Revisar la liquidación de dólares para viajes al exterior como deslizó en la televisión o prohibir el financiamiento de algún perfume en el free shop de Ezeiza no parecen por ahora estrategias suficientes para la crisis, sino todo lo contrario.

Fuente: MDZ

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