26 mayo, 2024 17:30
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El derecho a comer todos los días (por Omar Argüello)

En “La ideología alemana” Marx afirma: “que los hombres han de poder vivir para “poder hacer la historia” (y) para vivir se necesita, en primer lugar, beber, comer, disponer de una vivienda… El primer hecho histórico es, pues, la producción de los medios que permiten satisfacer estas necesidades”.

En línea con lo anterior, esta nota se propone retomar el tema del comer como necesidad básica del ser humano, destacando ahora que se trata de un derecho a satisfacer todos los días. Hecho básico que puede quedar oscurecido si se lo da por sobreentendido con un concepto “construido” como es el de “pobreza”.

Se trata de un derecho a satisfacer por los gobernantes de turno, los que deben agregar a sus medidas relativas a lo super estructural político e ideológico, que establecen reglas claras para la convivencia civilizada de los ciudadanos, otras políticas referidas a lo estructural, creadoras de las condiciones para que se produzcan los bienes y servicios que satisfagan las necesidades materiales de todos y cada uno de los ciudadanos (garantizando, además, una distribución equitativa de los mismos).

Una mirada rápida de lo ocurrido en nuestra sociedad desde la recuperación de la democracia, indica que las instituciones han funcionado adecuadamente, asegurando el cumplimiento de los derechos y garantías de todos los argentinos; pero que poco se ha hecho para crear las condiciones relativas a la producción y distribución de bienes materiales, lo que ha redundado en falta de empleo genuino y de salarios dignos, lo que ha llevado a que la mayoría de argentinos estén por debajo de la línea de pobreza e indigencia.

Lo que se manifiesta en carencias concretas como educación, salud y vivienda deficientes, y más dramáticamente, en que esa mayoría no pueda ejercer el derecho elemental a comer todos los días. Todo resultado de gobiernos que se han limitado a la creación de derechos y garantías institucionales (como es el caso del radicalismo) o en pregonar un populismo que espanta a las inversiones productivas (como es el caso del peronismo-kirchnerismo).

Pero los partidos políticos no son los únicos responsables de estas falencias. Hay otros actores que, a través de mensajes orales y escritos que circulan por diferentes medios, han contribuido a instalar una cultura que privilegia el funcionamiento de las instituciones republicanas (sin duda esenciales) ignorando la necesidad insustituible de crear una riqueza que equitativamente distribuida permita terminar con el hambre.

Dentro de esos grupos formadores de opinión hay posiciones ideológicas diferentes, pero que terminan jugando el mismo papel retardatario que lleva al hambre de tantos argentinos:

1) los amantes del pasado, que en casos extremos parecen hasta descontentos con los cambios introducidos por la Primera Revolución Industrial, asumiendo actitudes semejantes a las de la nobleza feudal, que despreciaba a los “burgueses” por ensuciarse las manos trabajando en los talleres que creaban en los burgos;

2) grupos ideológicos que combaten al capitalismo y sus formas de producción, únicas efectivas para crear riquezas; y

3) sectores de clase media (intelectuales entre ellos), que pese a tener una visión “progresista” de la organización social, limitan la acción del Estado al funcionamiento de las instituciones republicanas, sin registrar la necesidad de un proceso productivo creador de empleos genuinos bien remunerados que son los que permitirían satisfacer el derecho de todos a comer todos los días.

Fuente: Perfil

Omar Argüello es Sociólogo.

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