3 marzo, 2024 09:41
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Desde los hospitales de Gaza: “Esto no es una película»

Varios heridos reciben tratamiento en el hospital Al-Shifa de la Ciudad de Gaza, el 25 de enero.– (AFP)

Solo 14 de los 36 hospitales de la Franja funcionan parcialmente, según la OMS. Una doctora de Médicos Sin Fronteras y un estudiante de Medicina que se ha visto obligado a ejercer describen su frustración ante la magnitud de la emergencia.

 

“No sé cómo me siento. Es una mezcla de frustración, depresión, ansiedad… Ni siquiera tenemos la noción de estar vivos. Somos solo máquinas que intentan que los días vayan pasando uno a uno”. Ruba, doctora de Médicos Sin Fronteras (MSF), responde a las preguntas de este diario con mensajes de voz que envía con dificultad, debido a las inestables y precarias conexiones en Gaza.

Hasta el 7 de octubre, día en que estalló esta ofensiva, esta doctora, que no desea que su nombre completo sea publicado, trabajaba con MSF en Jan Yunis, al sur de la Franja, con pacientes de traumatología. Ahora, desplazada en Deir el Balah, en el centro del enclave palestino, trata a personas heridas y hace curas en su entorno con material de primeros auxilios cedido por la ONG, que el 6 de enero evacuó por razones de seguridad a su personal del hospital Al Aqsa —centro que sigue funcionando parcialmente, pese a la falta de personal y de medios materiales y la cercanía de los bombardeos—.

“En las últimas semanas era muy difícil conseguir algún tipo de conexión y la Media Luna Roja palestina no lograba saber dónde se estaban produciendo los bombardeos, dónde estaban los heridos y cómo traerlos al hospital, el único que sigue funcionando parcialmente en esta ciudad”, explica Ruba.

La médica vive en un pequeño apartamento alquilado en Deir el Balah, tras verse obligada a salir de su hogar en Beit Hanoun, en el norte, en los primeros días de bombardeos. Treinta personas de la misma familia, la mitad de ellos niños, se reparten en dos habitaciones. “Sigo pensando que los que murieron en los primeros días tuvieron mucha suerte. Nunca imaginamos que esto duraría tanto. Estamos ya en el cuarto mes, la guerra sigue y a nadie le preocupan los palestinos, nuestros niños, nuestro dolor”, explica esta doctora de 32 años, que tiene un hijo y dos hijas de siete, seis y dos años.

Los que murieron en los primeros días tuvieron mucha suerte. Nunca imaginamos que esto duraría tanto

Ruba, doctora de Médicos Sin Fronteras (MSF)

En estos últimos días, periodistas palestinos, ONG locales y testigos han informado de bombardeos muy cercanos a la zona del hospital Al Aqsa. “Faltan camas, equipos, personal y el acceso al hospital es realmente difícil. Hace una semana los tanques estaban muy cerca. Imagínate un hospital con 7.000 personas, entre enfermos, personal y desplazados, que huyeron de sus casas buscando refugio ahí y ahora tienen que evacuar de nuevo”, agrega la doctora Ruba.

Los ataques israelíes han matado ya a más de 26.000 gazatíes desde el 7 de octubre, cuando milicianos del movimiento islamista palestino Hamás, que gobierna de facto en Gaza, perpetraron un ataque sin precedentes en territorio israelí, en el que murieron unas 1.200 personas y más de 200 fueron secuestradas. Además, el número de heridos en la Franja supera los 65.000, según cifras del Ministerio de Salud local.

Un cirujano opera a un paciente en un quirófano del Hospital Europeo de Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza, el 31 de diciembre.
Un cirujano opera a un paciente en un quirófano del Hospital Europeo de Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza, el 31 de diciembre.– (AFP)

 

“Mi hijo preguntó hace algunos días: ‘¿mamá, nos podemos ir de Gaza ahora? Solo quiero irme’. Imagina un niño de 7 años preguntando eso, diciéndote que solo quiere vivir”, recuerda la doctora Ruba. “Me decía: ‘Tengo miedo de que los tanques vengan cerca, que no podamos conseguir comida o agua, que nos muramos de hambre, tengo miedo de que mueras entre mis brazos, mamá, porque alguien te dispara, los helicópteros te disparan, y no podemos salvarte”, detalla esta trabajadora de MSF.

Sin descanso

Ibrahim también prefiere que no se publique su apellido. Este joven está en quinto año de Medicina, pero lleva desde el inicio de la ofensiva militar israelí trabajando sin descanso en el hospital Al Aqsa, en el departamento de cirugía ortopédica, donde llegó como voluntario cuando empezaron los bombardeos.

“Nunca imaginé tener que ejercer de esta manera incluso antes de terminar mis estudios, pero hacían falta médicos”, asegura. Este veinteañero gazatí no sale prácticamente del hospital. Come, duerme y trabaja en su interior. Su familia se ha desplazado al sur, con muchas dificultades y durmiendo por momentos en la calle, y él pena para tener noticias de ellos. Comunicarse con Ibrahim también es muy complicado, debido en gran parte a los apagones de conexión que ha sufrido la Franja, que en algunos casos han durado días. Cuando reaparece, sus mensajes son telegráficos, a veces acompañados de una fotografía en la que muestra intervenciones menores, extracciones de balas o curas de impresionantes heridas infectadas por falta de cuidados. La mayoría de las imágenes muestran a pacientes en el suelo y a él, arrodillado ante ellos, trabajando.

Nunca imaginé tener que ejercer de esta manera incluso antes de terminar mis estudios, pero hacían falta médicos

Ibrahim, estudiante de Medicina

“Sigo vivo”, dice a modo de saludo. “Pero esto es peor cada día. El hospital sigue funcionando, a medio gas, con una enorme falta de personal y de medios materiales. Contamos con lo mínimo. Esto no es una película, cada minuto perdemos pacientes”, afirma.

—¿Cuántos pacientes están llegando cada día al hospital?

—“Muchos, demasiados”.

—¿Decenas?

—“Ha habido días terribles en que llegaron a varios centenares”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), de los 24 hospitales en la parte norte de Gaza, solo hay siete abiertos, pero funcionando sin suficiente personal, material o combustible. De los 12 centros médicos de la parte sur, solo siete siguen parcialmente operativos. La organización de la ONU muestra su preocupación por informes recibidos sobre incursiones militares en algunos centros médicos, arrestos del personal sanitario, fosas para enterrar cadáveres en los patios de las clínicas, bombardeos en las proximidades de estos hospitales y heridos que no pueden acceder a los más mínimos cuidados.

La dolorosa decisión de evacuar

Carolina López, coordinadora de emergencias de MSF, trabajó varias semanas en el hospital Al Aqsa, junto a medio centenar de empleados de la ONG. “Había una media de 700 pacientes internados. El día en que menos heridos recibíamos rondaban los 40. El 28 de diciembre hubo un pico y llegaron 300 personas. Además, había gente buscando refugio de las bombas en la zona del hospital”, explica a este diario, confirmando las declaraciones de Ibrahim.

El día 4 de enero comenzó la evacuación del hospital. El frente avanzó, los tanques israelíes estaban a dos kilómetros del centro médico y hubo pacientes, desplazados y personal médico que comenzaron a marcharse. MSF también decidió abandonar el centro médico por no poder seguir garantizando la seguridad de su personal y la rotación de los equipos.

Una mujer abraza a su hija herida en un bombardeo israelí, en el hospital Nasser de Jan Yunis, el 22 de enero.
Una mujer abraza a su hija herida en un bombardeo israelí, en el hospital Nasser de Jan Yunis, el 22 de enero.MOHAMMED DAHMAN (AP)

 

“Dejar a tus pacientes es una decisión muy difícil, pero no nos ha quedado otro remedio”, explica López con la voz quebrada. “El hospital se quedó cojo sin nosotros, está claro, aunque también pasó de tener 700 pacientes a tener unos 140. Los que no se pudieron marchar. Pero había otros heridos que seguían y siguen llegando, porque es el único hospital en esa zona”, agrega esta trabajadora española, subrayando que en 17 años de experiencia en emergencias “no había imaginado jamás” vivir una situación tan al límite.

Una misión de la OMS pudo acceder al hospital de Deir el Balah a mediados de enero y comprobó que solo 12 doctores seguían trabajando en él, cifra que representa un 10% de su personal

López ha mantenido algún contacto con un par de médicos que se quedaron en el hospital Al Aqsa tras la evacuación. “Lo hicieron asumiendo todas las consecuencias, sabiendo que corren un riesgo enorme, porque ya hemos visto lo que ha pasado en otros hospitales…”, suspira. Una misión de la OMS pudo acceder a este hospital de Deir el Balah a mediados de enero y comprobó que solo 12 doctores seguían trabajando en él, cifra que representa un 10% de su personal.

La coordinadora de emergencias insiste en subrayar el papel de los trabajadores sanitarios de Gaza, que “están agotados y no han parado desde hace más de 100 días”. López explica que los que tienen familia se marchan a trabajar, poniendo en peligro sus vidas para llegar al hospital, y no saben qué va a pasar con sus hijos mientras ellos no están. Y los que no tienen familia directa o la han instalado en el extremo sur de la Franja, en Rafah, regresan a los hospitales y trabajan sin descanso durante días. “Son condiciones terribles, hay que estar allá para sentirlo”, resume.

El pasado fin de semana, MSF informó de que el Hospital Nasser, el más importante aún funcionando en toda Gaza, situado en Jan Yunis, al sur, prácticamente ya no está operativo debido a los intensos combates y bombardeos en la zona, que hicieron que la mayoría de enfermos, refugiados y personal médico huyera del lugar. En el centro quedan entre 300 y 500 heridos que no pudieron ser evacuados debido a su estado grave. “La capacidad quirúrgica del Nasser es ahora casi inexistente y el escaso personal médico que permanece en el centro debe hacer frente a la situación con unos suministros exiguos, insuficientes para hacer frente a grandes afluencias de heridos”, advirtió la ONG.

Un sanitario atiende a un herido en un hospital de Rafah, el 23 de enero.
Un sanitario atiende a un herido en un hospital de Rafah, el 23 de enero. HATEM ALI (AP)

 

Fuente: El País – España

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