18 abril, 2024 07:02
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«CUANDO ARGENTINA PERDIÓ LA PATAGONIA»

A mediados de los años ´80, un rionegrino llamado Salvador San Martín, escribió un polémico cuento sobre el alzamiento de las provincias patagónicas defendiendo sus derechos contra el poder central. En la historia, un grupo comando pone en jaque al presidente argentino, quien debe admitir el nacimiento de una nueva nación.

Cuando Argentina perdió la Patagonia

Por Salvador San Martín *

El 14 de agosto de 1985 estaba de guardia en el tablero central del despacho eléctrico de cargas el Ingeniero Bonifacio Astigueta quien como era habitual en él, escudriñaba atentamente y en forma personal todas las complejas señales luminosas del tablero. A las 18.30, cuando se disponía a retirarse, un auxiliar llamó su atención sobre el indicador de enganche de la línea de alta tensión de El Chocón-Cerros Colorados, que titilaba indicando algunas anormalidades. El Ingeniero Astigueta accionó enseguida el control de fallas del tablero por si se trataba de una perturbación eléctrica y como la señal continuaba, y en previsión de un sorpresivo desenganche de la línea, ordenó, por el circuito telefónico, el estado de alerta de la Central Costanera Sur y de Salto Grande, preparándose para reemplazar cualquier falta de corriente de El Chocón.

“Aquí Comando Suicida”

Cuando estuvo todo bajo control, tomó el teléfono para comunicarse con el control Central de El Chocón y con ojos dilatados de espanto escuchó la siguiente comunicación: Aquí Comando Suicida El Chocón a nombre del gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, comunica a ese despacho de carga para su retrasmisión al presidente de la Nación Argentina lo siguiente:
1) En el día de la fecha, nueve comandos suicidas integrados por ciudadanos patagónicos y bajo instrucciones del gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, presidido por el Doctor Anibal Alejandro Garmendia, han tomado posesión de las centrales de El Chocón, de Cerros Colorados, (Planicie Banderita y desviador de Mari Menuco), de Alicurá, de la Central de Arroyito y de Confluencia, de la plantas compresoras de gas natural de Loma de la Lata, Pico Truncado y Cerro el Cóndor. En ningún caso se han producido bajas entre el personal de las plantas, ni tampoco entre los comandos de ocupación.


2) Cada comando ha procedido a dinamitar los puntos neurálgicos de cada central o planta, de modo tal que una detonación afectará incluso a las instalaciones fijas de los rodetes de turbina o motocompresores de gas. Los daños han sido proyectados para que ninguna instalación pueda ser puesta nuevamente en funcionamiento antes de tres años y hasta cinco años, según los casos.
3) Cada comando es autónomo para tomar la decisión de hacer volar las cargas explosivas, al menor indicio de que el gobierno de la Argentina haya dado orden de reprimir a los comandos o atacar las instalaciones, procediendo incluso ante cualquier movimiento preventivo de tropas, aviones o cualquier otra acción de fuerzas armadas o policiales de la República Argentina.
4) A partir de la 0 hora del día de mañana 15 de agosto, correrá un plazo de 48horas, para que el gobierno de la República Argentina reconozca al gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, como legítimos gobernantes de este país y lo acepte como país asociado según los términos que se acuerden oportunamente.
5) Vencido el plazo de 48 horas sin que el gobierno argentino haya accedido a la demanda anterior y a iniciar inmediatas negociaciones, comenzarán a reducirse el número de turbinas en operación y el bombeo de gas, hasta el corte total del fluido eléctrico, de gas y de petróleo en las 48 horas subsiguientes.
6) El gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia ha destacado ministros plenipotenciarios ante los principales países de la comunidad internacional a efectos de plantear el caso del dominio colonial argentino sobre la Patagonia y procurar el reconocimiento del gobierno provisional instruido.
7) Se reitera que cualquier acto militar o policial iniciado por el gobierno de la República Argentina sea considerado por los comandos como prueba de rechazo de las demandas y consecuentemente se harán todas las voladuras indicadas.
8) En estas tristes circunstancias recordamos al pueblo amigo de la Argentina, la voluntad de ser libres de todo colonialismo expresada en la declaración de la independencia de Tucumán el 9 de julio de 1816 y denunciamos la actitud prepotente de la dirigencia porteña que mantuvo hasta hoy un colonialismo denigrante sobre los territorios que no tienen otro recurso que imponer por la violencia lo que le fue negado por la razón y el patriotismo.
“AQUÍ COMANDO SUICIDA DE EL CHOCÓN EN CADENA CON TODA LA RED DE RADIO Y TELEVISIÓN EN SU PODER”
Cuando cesó la transmisión telefónica, el Ingeniero Astigueta, creyéndose víctima de una broma, dijo enojado:

-Che, Cardini, dejate de j…. y decime qué está ocurriendo con la línea.

Por el teléfono se oyó una voz que dijo: «No soy Cardini, el cual se encuentra bajo custodia de este comando, pero si usted quiere, podemos ponerlo a la línea para que usted se percate de que esto va en serio».

Astigueta sintió que le corría un sudor frio y tartamudeando rogó que lo pusieran al habla con Cardini el supervisor de turno en el tablero de carga de El Chocón. Cardini con vos serena y casi sin emoción lo impuso a Astigueta de lo que había ocurrido, de la toma de le central por los comandos suicidas, el dinamitado de las turbinas y de las playas de transformadores, etc.
Cuando terminó le dijo a Astigueta:

-Apuráte, hermano, a transmitir el mensaje al Presidente porque las papas queman y esta gente está dispuesta a todo.
Astigueta corrió al teléfono policial para comunicarse con el presidente de Agua y Energía, que a esa hora todavía estaba en su despacho, el cuál, enterado del mensaje, puso en duda su veracidad de toda esa historia que calificó de rocambolesca y ordenó a Astigueta que preparara el avión de la empresa para ir a ver en el lugar lo que estaba ocurriendo. Por las dudas dio la novedad al presidente de Hidronor.

Mensaje al Presidente argentino

Mientras tanto y a pesar de su incredulidad se comunicó con el secretario de Energía que casi sufre un desmayo al oír la historia y que a su vez trasmitió al presidente de la Nación , el increíble mensaje recibido.
El presidente Miguel Solanas Álvarez se hizo repetir varias veces el mensaje. Enseguida, con gran serenidad y después de exclamar. “¡Estos sureños…!”, ordenó convocar al gabinete de ministros y a los jefes de estados mayores, mientras telefoneaba al ministro del interior para conocer si allí se sabía algo de lo que realmente estaba pasando. Cuál no sería su estupor cuando el secretario del ministro, el cual ya había salido para el despacho del presidente, le informaba que se habían recibido cuatro comunicaciones de los cuatro gobiernos de las provincias patagónicas, manifestando que, en razón de las circunstancias, las cuatro legislaturas y los propios gobernadores habían adherido al gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia, y se solidarizaban con su actitud, por lo cual se consideraban Estados independientes de la nación Argentina y autónomos económicamente.

Manifestaban también su firme decisión de armar al pueblo patagónico para repeler cualquier agresión.
Todos los teléfonos de Casa de Gobierno comenzaron a sonar y no se daba abasto para atender los llamados de las unidades del Quinto Cuerpo de Ejército, que transmitía al presidente las novedades ocurridas y requerían órdenes para proceder.

El presidente Solanas Álvarez gritaba a voz en cuello: ¡Por favor! ¡No hagan nada! ¡Todo el mundo quieto hasta que analicemos la situación!. Que venga enseguida el jefe del Estado Mayor Conjunto, lo que no hubo necesidad de repetir, pues en ese momento ingresaba con rostro descompuesto al despacho del presidente y lo responsabilizaba

-Sr. Presidente, este es el resultado de su política, ahora tenemos a Chile sobre nosotros a la altura del rio Colorado, dígame, ¿ahora qué hacemos?.

-Por favor general, no dramatice las cosas. Espere un momento, tal vez podamos dominar la situación mucho más fácilmente de lo que usted se imagina. Déjenos a los políticos decidir sobre el particular.

Y volviéndose al edecán le pidió que conectara la televisión. En la pantalla apareció un locutor que, con cara de sorpresa, leía comunicados recibidos desde la Patagonia originados en la Agencia de Noticias Los Andes, «Entidad privada al servicio del gobierno provisional de los Estados Unidos de la Patagonia». El locutor no sabía qué comentar. Todo le parecía absurdo, pero esos mensajes estaban saliendo del teletipo y no había duda posible de lo que se estaba emitiendo.

Festejos en Comodoro Rivadavia

En un momento determinado el locutor dio cuenta de la declaración de independencia hecha por los cuatro gobiernos patagónicos y de un comentario que procedía de Comodoro Rivadavia, donde la población se había volcado a las calles celebrando la independencia y pidiendo armas para combatir a los porteños. También había intercepción de despachos del gobierno de las cuatro exprovincias argentinas a las provincias del norte y de Cuyo pidiendo se adhirieran a la causa patagónica y presionaran a la Casa Rosada a proceder al reconocimiento de los Estados Unidos de la Patagonia.

Todo empezó a convertirse en un pandemónium, pues los embajadores de países extranjeros comenzaron a abrumar a la cancillería para que explicara la situación. El canciller se refugió en la Presidencia y hacia contestar que más tarde se daría un comunicado oficial al respecto.

El Comando de Aviación hizo suspender todos los vuelos a la Patagonia, pero no pudo impedir que los vuelos que estaban haciendo escala en aeropuertos patagónicos fueran incautados por los gobiernos locales o puestos a disposición del gobierno provisional. En Caleta Córdoba y en Caleta Olivia, los obreros resolvieron no cargar petróleo en los barcos que esperaban mar afuera para llevarlo a San Lorenzo y a Bahía Blanca.

Entretanto iban llegando los ministros a Casa de Gobierno y cuando ya era imposible poner orden, logró el presidente hacer sentar a los que pudo, mientras otros asistieron de pie a la reunión ministerial más absurda de la historia argentina. La exposición del secretario de Energía fue contundente, sin gas y sin petróleo era imposible prestar los servicios en la Capital y en el Gran litoral. Reforzando los suministros del norte y pidiendo desvío de buques petroleros a las empresas extranjeras, no podía impedirse la paralización total de la vida de la ciudad. Las usinas eléctricas sin gas ni petróleo y sin el aflujo de electricidad de El Chocón, apenas podían mantener los servicios de algunas oficinas de gobierno y uno que otro hospital. Había que desalojar inmediatamente la población civil de los centros urbanos donde no se podían accionar bombas para abastecer de agua a los edificios elevados, los fluidos cloacales se atascarían en toda la red domiciliaria. Por supuesto todos los transportes pararían. Las propias fuerzas armadas no tendrían combustible suficiente para una acción de envergadura. La situación no podía ser más tremenda y angustiante.


El presidente con cara empalidecida por la rabia por la emoción, preguntó qué ocurriría si los comandos suicidas hacían las voladuras que habían anunciado. El secretario de Energía contestó simplemente:

-Mejor ni pensarlo, señor presidente, sería el caos y por varios años no podríamos reparar los daños en medio de trastornos tremendos.

La cabeza del presidente giró lentamente hacia el jefe del Estado Mayor Conjunto y el secretario de Defensa que estaban sentados juntos a su lado. No fue necesaria ninguna pregunta.
El general Díaz Usandivaras dijo con tono ciertamente dramático:

-Señor presidente ¡hable con el dicho presidente de ese gobierno provisional!

Un murmullo de asombro se extendió en el salón y después fue un gran loquero. Todo el mundo hablaba y salían a luz reproches de todo tipo. El presidente apartó al ministro del Interior y le dio instrucciones para que, utilizando la misma línea telefónica de El Chocón, comunicara al doctor Aníbal Alejandro Garmendia, que estaba dispuesto a conferenciar con él en lugar y hora que indicase, en la seguridad de que ambos encontrarían una solución al conflicto planteado.

Encuentro con el presidente de la Patagonia

La transmisión se hizo inmediatamente y casi enseguida se recibió la respuesta: Antes de cualquier parlamento era imprescindible que se hiciera oficialmente y por medio del Congreso la declaración de que los Estados Unidos de la Patagonia eran una nación libre e independiente de la Nación Argentina y solamente asociada en el mantenimiento de una estructura económica, social y política que se mantuviera dentro de las tradiciones argentinas. Veinticuatro horas para contestar por el sí o por el no.

Las siguientes diez horas fueron empleadas para convocar al Congreso, hacer la declaración solicitada en medio de una escandalosa sesión parlamentaria en que los diputados y senadores por las provincias patagónicas fueron objeto de toda clase de agresiones y se vieron en la necesidad de retirarse del recinto.
Antes de retirarse el diputado por Neuquén, doctor Eleuterio Cardozo, pudo hacerse escuchar en medio del griterío general:

-¡No queremos seguir siendo los “Kelpers” de los argentinos!

Por su parte el senador Llanqueleo del Chubut, pudo expresar algunos conceptos que se rescataban en medio de los reproches de que era objeto:

-¡Inglaterra trató mejor a sus colonias de la Argentina en la Patagonia…..! y otras como: ¡Por mucho menos de lo sufrido por la Patagonia las colonias americanas se independizaron de Inglaterra!.

Finalmente, después de la declaración del Congreso, el presidente argentino fue citado para concurrir a una reunión con el presidente Patagónico en un lugar desértico de la provincia del Chubut, cerca de Colán Conhué.

Cara a cara

Allí se había levantado una instalación precaria para la reunión de los integrantes de los dos gobiernos. El presidente patagónico saludó con gesto severo pero no agresivo al presidente argentino y echas las presentaciones de sus comitivas, ambos se introdujeron en una carpa de campaña donde una mesa sencilla con dos tazas de café ya servidas los acogía para la magna ceremonia.

-Señor presidente -comenzó diciendo el presidente provisional de la Patagonia-, lamento que hayamos tenido que recurrir a estos medios para hacer valer nuestros derechos.

El presidente argentino Solanas Álvarez contestó que lo lamentaba mucho más en cuanto se trataba de un acto suicida y que no podía durar más que el tiempo necesario para retomar el dominio de la región pretendidamente independizada, por todos los medios de la Nación Argentina podía disponer llevando ejércitos numerosos como lo hiciera en la gesta de Independencia de España.

-No olvide señor que la Argentina supo oponerse y vencer a las naciones más poderosas de entonces.

El presidente patagónico doctor Aníbal Alejandro Garmendia, después de escucharlo y tras breve silencio, manifestó:

-Señor presidente, no me considera usted tan tonto como para meterme en este asunto tan grave sin haber tomado las debidas precauciones y previsto sus eventuales consecuencias. Tampoco debe considerarse un traidor a la patria si le manifiesto que así como la Nación Argentina buscó aliados en su guerra de la independencia, los Estados Unidos de la Patagonia pueden hacerlo comenzando por sus dos más próximos vecinos: Chile e Inglaterra . ¿ O usted se olvida, señor presidente, que Inglaterra está a 450 kilómetros de la costa patagónica con una formidable base militar?.

-¡ No puedo creer que usted haya llegado a este grado de humillación! -Contestó fuera de sí y a los gritos el presidente argentino- como para pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la Argentina!

-Perdón, señor presidente, yo no necesitaré pedir ayuda alguna, ni la he pedido, ni la pienso pedir -aclaró Garmendia-. Sólo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el reconocimiento de mi gobierno. En ese sentido, estoy seguro de que Chile e Inglaterra  serán los primeros en hacerlo. Y como usted, señor presidente es de la provincia de Buenos Aires, le recuerdo que me apoyo en antecedentes muy valiosos y que usted conoce muy bien, por ser oriundo de una provincia argentina que pidió el reconocimiento de las naciones europeas y de los Estados Unidos como estado libre e independiente de la Confederación Argentina en 1853.

-Aquí no hay más traición a la patria que la que cometieron quienes ignoraron los derechos de los patagónicos  -continuó Garmendia- y nos mantuvieron en la más infame dependencia colonial. Señor presidente, los minutos son valiosos. Usted debe decirme si acepta o no confirmar en todo la declaración de su Congreso para comenzar a negociar libremente y como dos estados soberanos, las condiciones en que vamos a iniciar este nuevo tramo de nuestra vida política, asociando nuestros intereses en el respeto mutuo de nuestros derechos.

Lamento argentino

El presidente argentino sólo atinó a agregar amargamente:

-Evidentemente usted chantajea y lamentablemente no puedo escapar al chantaje. En Buenos Aires no nos dimos cuenta de que estábamos armando una bomba de tiempo con estas obras de El Chocón y esta historia del gas y del petróleo. Tendríamos que haberlos tratado realmente como colonos y puesto una fuerza armada al lado de cada dique y cada gasoducto u oleoducto.
Usted me tiene en sus manos. Pero dígame sinceramente, ¿es cierto que Chile y Gran Bretaña reconocerán a su gobierno?.

-Vea señor presidente -contestó el presidente patagónico-, no sólo lo harán inmediatamente, sino que harán declaraciones manifestando que toda agresión hecha a los Estados Unidos de la Patagonia será considerado un acto de guerra contra sus propios países y, si sus servicios de inteligencia funcionaran correctamente, señor presidente, habría sabido antes de salir para aquí que ambos países han dado orden de movilizar todas sus fuerzas armadas. Pero hay algo que seguramente a usted le compensará de estas cosas tan desagradables. Gran Bretaña entregará las Islas Malvinas, Sándwiches y Georgias del Sur a la soberanía de los Estados Unidos de la Patagonia y formalizará con nosotros un tratado de paz que llevará implícita nuestra participación con todos nuestros productos en el mercado inglés y de sus dominios a cambio de la preservación de los intereses británicos que sean afectados por el cambio de soberanía.

-¡Nos queda Brasil! -exclamó el presidente argentino- Se opondrá al dominio de los mares del sur por una nación extranjera. Se unirá a nosotros. Lo mismo Paraguay, Venezuela, Perú y Colombia.

Con mucha calma el presidente patagónico le alcanzó un télex que decía: Itamaraty ha informado confidencialmente a nuestro enviado que está emitiendo un comunicado al gobierno argentino advirtiéndole que cualquier acción armada contra los Estados Unidos de la Patagonia será considerada como el rompimiento del necesario equilibrio en los mares del sur y obligará al Brasil a movilizar sobre la frontera argentina y uruguaya.

El presidente argentino se tomó la cabeza entre las manos y murmuró: Que desastre!!! ¡Que ciegos hemos estado! ¡Malditos porteños!.

Cuando los dos presidentes salieron de la carpa y se unieron a sus acompañantes el viento patagónico soplaba con toda intensidad sobre el inmenso erial. Las caras mostraban distintas emociones. No había evidentemente triunfadores, más bien un sentimiento de amargura predominaba en todos y alguna lagrima de rabia se escapaba de los ojos de muchos de un lado y de otro de los ayer hermanos. Hoy estaban divididos por una frontera que había levantado con el tiempo la desidia de los gobernantes porteños.

Así se perdió la Patagonia para la Nación Argentina.

Una Patagonia pujante

Los Estados Unidos de la Patagonia progresaron a ritmo inusitado. Vendiendo petróleo, gas e hidroelectricidad a la argentina, aun a precios inferiores a los del mercado mundial, ingresaban anualmente miles de millones de dólares de divisas que se utilizaban para el desarrollo de su infraestructura. Los valles de los ríos y la cordillera fueron irrigados y explotados para exportaciones agropecuarias y agroindustriales al exterior y un contingente enorme de emigrantes se fue radicando libremente en una república que, echando por la borda el centralismo porteño, afirmó su desarrollo. En solo diez años la población patagónica se triplicó con los emigrantes y en toda la región lacustre y fluvial de la cordillera, centros de turismo de renombre mundial atraían millares de turistas anuales que reforzaban el muy favorable balance de pagos de la flamante nación. Industrias electrointensivas y petroquímicas se instalaron para aprovechar los recursos energéticos a bajo costo. La exportación industrial superó largamente a las exportaciones agropecuarias.

La moneda en circulación fue el patagón con garantía oro y convertible, lo cual fue posible por las reservas naturales auríferas de las provincias patagónicas. La inflación desapareció instantáneamente.

Por supuesto los Estados Unidos de la Patagonia no tuvieron Ejercito, ni Marina, ni Aeronáutica. Apenas una fuerza policial. Estaba defendida por todos contra todos.

En poco tiempo los Estados Unidos de la Patagonia sobrepasaron en todo a la Argentina, excepto en la producción agropecuaria, que siguió siendo su única dependencia de una Argentina que no supo reconocer en la Patagonia su verdadero destino.

*****

*Salvador San Martín era un empresario argentino, oriundo de Río Negro, y padre del  científico de la NASA, el ingeniero Miguel San Martín. Fue Secretario de Energía de la Nación durante la presidencia de Arturo Frondizi, además de dedicarse al análisis de los problemas regionales para esta postergada región del país.

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