10 agosto, 2022 13:38
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A los 91 años, murió Jean-Louis Trintignant, gran figura del cine francés.

Gregorio Belinchón
Gregorio Belinchon
El actor francés Jean-Louis Trintignant ha muerto a los 91 años. Según un comunicado de su esposa, Marianne Hoepfner, el intérprete de películas como Tres colores: Rojo, Z,  El gran silencio y Un hombre y una mujer, ha fallecido de cáncer de próstata.
Hace casi cuatro años, en julio de 2018, Trintignant decidió despedirse. No podía más. “Creo que el cine se acabó para mí”, anunciaba en una entrevista en el diario Nice Matin“No lucho. Dejo que las cosas pasen. Hay un médico marsellés que va a probar una cosa nueva. Pero no hago quimioterapia, aunque estaba ya preparado”, aseguraba. Hasta ahí había llegado convertido en un titán del cine europeo. Puede que Jean-Paul Belmondo o Alain Delon fueran más famosos, pero Trintignant se movió mejor en la elegancia y los silencios. De físico majestuoso y olfato para elegir guiones (o estar abierto a los proyectos que le venían y que le hacían abandonar temporalmente su amado teatro), las carreras de cineastas como Lelouch, Haneke o Costa-Gavras no serían las mismas si no hubiera estado allí el actor francés.

 

Aquella entrevista sirvió tanto de anuncio como de repaso a su carrera y a sus miedos, tanto los relacionados con su edad y su cáncer como los vividos a lo largo de una carrera de 120 títulos y medio siglo de duración, y del dolor que le provocó el asesinato de su hija, la también actriz Marie Trintignant, de 41 años, a manos de su pareja, el músico Bertrand Cantat, en el verano de 2003. “Hace 15 años que estoy muerto”, comentó a Nice Matin. “He vivido dos dramas que me afectaron mucho. Sobre todo el último, el de mi hija Marie. Y cuando digo que estoy muerto, me refiero a eso”.

De su abrumadora carrera, contaba que se sentía aún sorprendido. “Soy extremadamente tímido (…) No estaba hecho para un trabajo en público”, aseguró. “Además, la fama nunca me interesó demasiado. La primera vez, hace gracia. Pero después ya no”. Curiosa reflexión para alguien que empezó en los escenarios y que a inicios del siglo XXI lo antepuso al cine. “Acabo de rechazar trabajar en una película de Bruno Dumont. Era interesante, pero tengo miedo de no estar a la altura físicamente. Ya no me muevo solo, siempre necesito a alguien a mi lado que me diga: cuidado, hay un mueble delante de ti, te vas a dar un trompazo”, contó no sin una cierta ironía. En aquel 2018 ya había dejado de salir de casa. “No puedo leer, porque me estoy quedando ciego. Y los libros eran un gran placer. Veo la televisión, escucho música, duermo mucho. Me quedo en el sofá, reflexionando sobre las cosas buenas y malas. Sin hastío, por suerte”.

Jean-Louis Trintignant y su hija Marie, en un ensayo en enero de 2001 de la obra 'Comédie sur un quai de gare'.
Jean-Louis Trintignant y su hija Marie, en un ensayo en enero de 2001 de la obra ‘Comédie sur un quai de gare’.FRANCOIS GUILLOT (AFP)

Desde el inicio de su carrera, Jean-Louis Trintignant puso rostro a las preocupaciones de la cultura europea de su tiempo, al menos a las obsesiones que alimentaban la creatividad de los cineastas franceses e italianos (aunque siempre fue doblado en ese idioma). Hijo de familia burguesa, dos de sus tíos fueron pilotos de carreras, y esa pasión familiar la reflejó en su personaje en Un hombre y una mujer (1966), de Claude Lelouch: el actor cambió el guion para que su papel pasara de médico a piloto. Nacido en Piolenc, cerca de Aviñón, en 1930, a los 20 años se mudó a París a estudiar interpretación. Un año más tarde ya había debutado en el teatro, donde alcanzó cierto prestigio y Roger Vadim le dio la gran oportunidad en el cine: junto a Brigitte Bardot protagonizó Y Dios creó a la mujer. El título cambió la vida de los tres. Bardot, que ya era conocida, devino en estrella mundial, Trintignant apareció de la nada para convertirse en uno de los rostros masculinos del cine francés, y Vadim vio ante sus narices como su esposa, Bardot, y Trintignant iniciaban una relación sentimental. Por cierto, que el actor estaba también casado, con la actriz Stéphane Audran (El discreto encanto de la burguesía). Los dos matrimonios se rompieron.

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