26 mayo, 2024 19:20
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A los 68 años cruzó Los Andes: recorrió 200 km durante cinco días a caballo

Por Viviana Gallardo

Llena de confianza, una fe inquebrantable en Dios y después de años de espera, Nora pudo realizar una verdadera hazaña y cruzar la Cordillera de los Andes. Fueron cinco largos días, rodeada de imponentes paisajes, donde tuvo que dormir en medio de la cordillera y superar cada una de las dificultades que exige el camino. Fue una de las tres mujeres del grupo que realizó la travesía y la única de la Patagonia. En diálogo con ADNSUR relató la maravillosa aventura que decidió concretar a los 68 años. «Recién ahora me doy cuenta de la magnitud de lo que logré».

Confiada en que la vida da siempre una oportunidad y con la fe intacta en Dios, Nora sabía que algún día iba a cumplir su gran sueño: poder realizar el cruce de la Cordillera de los Andes, una travesía única que necesita además de coraje un espíritu aventurero para atravesar unos 200 kilómetros a caballo durante cinco días.  Y despues de tanta espera, finalmente en marzo del 2024 pudo concretarlo.

«Yo creo que recién ahora me estoy dando cuenta de la hazaña que hice, todos se asombran cuando lo cuento pero yo lo viví plenamente, esto lo soñaba desde hace más de 30 años», confesó en diálogo con ADNSUR.  Fueron cinco largas jornadas, rodeada de imponentes paisajes, donde tuvo que superar cada una de las dificultades que exige el camino.

Nora Machado tiene 68 años, nació en Rufino, provincia de Santa Fe pero hace más de 10 años está en Neuquén, donde también vive uno de sus hijos, su nuera y su nieta. Está jubilada pero la energía que tiene no la deja quedarse en casa, por eso nunca dejó de trabajar, tuvo algunos emprendimientos y ahora además lleva adelante una asociación con la que realiza una de las ferias de emprendedores más convocantes de la ciudad.

 

 

«Fue en junio del año pasado cuando me contacté con el arriero que hace las expediciones y pude empezar a pagarlo, dije tengo que prepararme porque no tengo 20 años y entonces empecé a hace trekking y en paralelo hice cabalgata, porque desde los 13 años que no subía un caballo y empecé a entrenar lo necesario. Yo creo que si me hubiera preparado lo hubiera hecho igual, pero lo hubiera sufrido porque fue duro, ahora veo los videos y veo los caballos bajando en cuclilla con nosotros y recién ahí tomé dimensión. Nunca tuve miedo y confié plenamente en el arriero».

 

 

Nora emprendió su aventura en marzo, decidió no manejar su auto hasta Mendoza para no estresarse por lo que tomó un colectivo y en Tunuyán la esperaba un remis que la llevó hasta el Manzano Histórico «el lugar donde durmió San Martín», aclara. De a poco fueron llegando sus demás comprañeros que habian viajado desde Buenos Aires y Córdoba, por lo que fue la única patagónica del grupo, y además una de mayor edad, ya que los demás tenían entre 30, 40 y 50 años. «Algunos ya habían hecho el cruce alguna vez».

Luego de pasar una noche allí, comenzaban los primeros minutos de la gran aventura, a las 9 de la mañana fueron a los corrales juno a sus 7 compañeros y los arrieros. «Chawi», quien lleva adelante la expedición conoce el lugar desde muy pequeño, ya que la primera vez que cruzó los andes tenía 12 años.  «Salimos de ahí en caballo, más de tres horas del primer tramo de cabalgata hasta llegar a hasta Gendarmería, ahí paramos de Migraciones te piden todos los documentos  y los estudios médicos, sino no pasas no subís claro, pasamos y nos fuimos hasta el primer refugio», recuerda. Allí durmieron en carpa. «No había nada, era un refugio de piedra, no tiene luz, no tiene agua, o sea, sí, tiene un como una parrilla, vos tenés que hacer fuego con leña», agrega.

 

Se trata de un recorrido de Alta Montaña ascendiendo a 4380 msnm pasando por el Portillo Argentino a 4380 metros de altitud y atravesando la Cordillera de Los Andes hasta el paso del Portillo de Piuquenes, donde se encuentra enclavado en medio de la cordillera el hito fronterizo con imponentes vistas hacia el lado Chileno y Argentino.

 

Los arrieros son encargados junto a sus mulas de llevar todo lo necesario como comida, elementos de primeros auxilios, carpas en caso de ser necesario; por lo que ella solo tuvo que cargar – para alivinar el peso – una mochila con lo básico y una muda de ropa, una campera de lluvia. Fue ahí en el primer refugio donde pasaron la primer noche. «yo miraba desde adentro de la carpa y no podìa creer, cuando comenzó a amanecer era como estar adentro de una postal».

 

Fue en ese segundo dìa que emprendieron viaje antes de las 8 de la mañana, desde entonces fueron cerca de seis horas de cabalgata, y algunos hicieron algunos tramos con caminata rodeados de un paisaje único, en plena cordillera de los andes. «No dormimos en cama porque dormíamos en el piso, o sea, era otro lugar, tenías agua tenía todo- precario y natural-pero ahí una especie de más confort».

 

Atravesando montañas y ríos

El tercer día, donde fue el tramo más largo que tuvieron que hacer a caballo con más de 11 kilometros recorridos para llegar al límite. Nora asegura que fue la parte màs complicada. «Es la parte difícil por donde pasó San Martín e hicieron camino ellos porque no había nada y lo hicieron en zig zag. Es un camino muy angosto. Fue difícil ese recorrido, porque arriba eran 4.600 metros de altura sobre el nivel del mar y el clima cambia muy rápido».

 

Fue ahí donde sin dudas vivió el momento más dificil de toda la travesía «en un momento empecé a sentir como que me iba para un lado, me acomodaba en la montura para este lado y me iba para este y me volvía a acomodar.

Yo no me sentía mal pero el caballo no respondía, no lo podía parar, pero era porque no tenia fuerza para darle la orden, dicen que me vieron cara de desmayada, me bajaron del caballo porque yo me estaba cayendo del caballo y no me daba cuenta. Fue el calor, me abrigué mucho. Pero fue solo un susto por suerte, por eso paramos a tirarnos un ratito a dormir en medio de la cordillera».

 

«Me cuidaron mucho porque uno está ahí arriba entregado con toda la fe en el caballo y cuando llegué al punto máximo fue una emoción tan grande, hice lo que quería hacer, estaba donde quería estar donde. Miré al cielo y dije gracias Dios, solo gritaba agradeciendo. En ese momento todos juntos cantamos el himno argentino y fue algo realmente muy emocionante».

Ya a la vuelta y despues de vivir uno de los momentos más importantes de su vida, Nora comenzó de a poco a tomar noción de lo que había sucedido, fue entonces donde empezó a percibir otros paisajes que a la ida no había visto. Y fue allí en el regreso donde vivieron otra aventura, en el momento que cruzaron como pudieron y luchando junto a sus caballos, contra la fuerza del río embravecido. «El río Tunuyán tiene la particularidad que si vos no lo cruzás antes de las 6 de la tarde se trasnforma, baja con tanta fuerza que hay que cruzarlo en contra de la corriente».

 

“Estoy como cayendo que fue una hazaña, en todo momento sentía como que ese lugar ya lo conocía, me era familiar, no me era extraño, nose como explicarlo porque no se puede transmitir. Pensaba esto no lo voy a volver a ver, no se puede transmitir en imágenes porque no hay palabras. Recién ahora me doy cuenta de lo que logré cada vez que reviso las fotos y los videos. Es como que me siento orgullosa de mí misma, de no haber tenido miedo, de ser una inconsciente y cumplir mi sueño”, reconoció.

 

 

Fuente: ADNSur

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