18 abril, 2024 07:18
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La obesidad ya afecta a más de mil millones de seres humanos en todos los países

Dos personas con obesidad caminan por una calle de Glasgow, en Reino Unido. JEFF J MITCHELL (GETTY IMAGES)

 

 

Hay una epidemia que está atravesando el globo de punta a punta y arrasa más que la covid: si la crisis del coronavirus ha dejado, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 774 millones de casos en el mundo, la obesidad ya afecta a más de mil millones de personas.

Un estudio publicado este jueves en The Lancet revela que el exceso de peso, factor de riesgo para decenas de enfermedades, ya es la forma más común de malnutrición en la mayoría de países: los casos en niños se han cuadruplicado en tres décadas y en los adultos, casi se han triplicado. De una forma u otra, los problemas alimentarios se enquistan y, si bien han descendido las cifras de bajo peso en el planeta (por la caída de la desnutrición, por ejemplo), el auge del sobrepeso y la obesidad desequilibra de nuevo la balanza alimentaria saludable en el mundo.

La investigación publicada en The Lancet, que recopila datos de más de 3.600 estudios y analiza la evolución de obesidad y el bajo peso en el mundo entre 1990 y 2022, revela una consolidación de dos fenómenos paralelos: mientras caen las cifras de insuficiencia ponderal —esto es, un bajo peso para la edad de un individuo, producto de una insuficiente alimentación—, gana terreno la obesidad, tanto en países ricos como aquellos de bajos ingresos. “Lo que nos muestra el estudio es que en el mundo se está controlando muy bien la desnutrición, excepto en algunos países de África. Las mejores condiciones de vida y el desarrollo económico acompañan esta reducción, como ocurrió en España en los años cincuenta. Pero, ningún país del mundo ha conseguido reducir la obesidad. Este artículo muestra que el problema va mal”, zanja Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los firmantes de esta investigación.

En la práctica, el resultado de esta radiografía que dibuja el estudio es que, en conjunto, la prevalencia de estos cuadros de malnutrición se dispara, advierten los autores: “La prevalencia combinada de estas formas de malnutrición ha aumentado en la mayoría de los países, con la notable excepción de los países del sur y sudeste de Asia y, para algunos grupos de edad y sexo, en el África subsahariana. Las disminuciones de la doble carga se debieron en gran medida a la disminución de la prevalencia de la insuficiencia ponderal, mientras que los aumentos se debieron al aumento de la obesidad, lo que llevó a una transición del predominio del bajo peso al de la obesidad en muchos países”, resumen los autores en el artículo.

Sobre un mapamundi, una prevalencia creciente de obesidad domina casi todos los territorios. El estudio, dirigido por el Imperial College de Londres y en el que han participado más de un millar de científicos de todo el mundo, eleva a 878 millones de adultos y 160 millones de niños las personas en el mundo que sufren esta dolencia. Esto significa que, entre 1990 y 2022, la prevalencia en menores pasó del 1,7% al 6,9% en niñas y del 2,1% al 9,3% en niños; en adultos, las tasas saltaron del 8,8% al 18,5% en mujeres y del 4,8 al 14% en hombres. “No es sorprendente. Uno sale a la calle y lo ve. Era lo esperado”, apunta Rodríguez Artalejo. Y prosigue: “¿Las razones? En el estudio no se analiza con datos, solo se especula, pero apuntan al aumento de comida barata ultraprocesada en un contexto que facilita que se pueda comer a todas horas. Y pasa igual en países pobres. Es lo que tiene la globalización”, expone.

 

Según el estudio, la prevalencia de obesidad en las últimas tres décadas creció en la inmensa mayoría de territorios (sobre todo, en Estados Unidos, Brunei, algunos países del Caribe, Oriente Medio y el Norte de África). Países de la Polinesia, como Tonga, Samoa o Niue, registran las cifras más altas de obesidad en todas las edades, con prevalencias por encima del 60% en adultos. En menores, también Chile es uno de los países donde más ha crecido la obesidad y reporta tasas del 33% en varones, por ejemplo. Estados Unidos, paradigma de la expansión de la obesidad en las zonas de ingresos altos, está también en puestos altos del ránking: cuatro de cada 10 estadounidenses adultos sufre padece esta dolencia.

España baila en la mitad de la tabla: la prevalencia en adultos es del 13% en mujeres y del 19% en hombres; en niños, oscila entre el 9% en ellas y el 12% en ellos. Pero los investigadores destacan un fenómeno particular en este entorno: tanto aquí como en Francia, hay un ligero descenso en las cifras de obesidad en mujeres, “aunque se desconocen las razones”, admiten.

Los expertos consultados piden no alzar las campanas al vuelo. “Hay que ser cautos al interpretar el resultado y no pensar que se ha vencido la batalla a la obesidad. Esto puede sugerir que hay un grado de concienciación más grande”, conviene Manuel Tena, jefe de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) de Obesidad y Nutrición. Rodríguez Artalejo admite que es “llamativo”, pero apunta que “probablemente no es representativo del conjunto de España a lo largo del período de estudio porque se base en estudios pequeños y regionales”. “Estamos viendo una enorme epidemia de obesidad que estamos empezando a controlar, pero no estamos mejor que hace 30 años”, concreta.

Por su parte, la prevalencia de bajo peso en adultos en estos 30 años cayó en 150 países (de forma global, en las mujeres pasó del 14,5% al 7% y en los hombres, del 13,7% al 6,2%). Esto es, 347 millones de personas tenían bajo peso en 2022, lo que supone un descenso de cerca de 45 millones con respecto a 1990 y “a pesar del crecimiento de la población mundial”, puntualizan los investigadores. India, China, Indonesia, Etiopía, Bangladesh y las mujeres de Japón registran las cifras más altas de adultos con bajo peso en 2022. En niños, la prevalencia de bajo peso cayó del 10,3% al 8,2% en niñas y del 16,7% al 10,8% en niños: en 2022, 185 millones de niños sufrían bajo peso.

Los autores admiten algunas limitaciones en el estudio, como la falta de datos en algunos países o el uso del índice de masa corporal (IMC) como indicador, pues es “imperfecto” para medir el exceso de grasa corporal (se considera obesidad, un IMC por encima de 30 y bajo peso, menos de 18). Con todo, defienden sus hallazgos y plantean, por ejemplo, que el fenómeno que cristaliza su investigación, hacia la aparición de la obesidad en edades cada vez más tempranas, “podría deberse a que el consumo fuera de casa y el acceso a alimentos comerciales y procesados en niños en edad escolar y adolescentes siguieron a los de los adultos durante este período”. Recogen, además, la hipótesis de que “algunos los juegos de ocio y los deportes han sido reemplazados por actividades sedentarias”, aunque admiten que los datos sobre estas tendencias son escasos.

Los investigadores llaman a combatir la desnutrición en África y el sur de Asia, donde “persiste la inseguridad alimentaria” y advierten, sobre todo, de la “necesidad urgente de prevenir la obesidad”. En este sentido, critican que los esfuerzos centrados en comportamientos individuales en el entorno alimentario no han surtido gran efecto. Los autores censuran la falta de acceso a productos saludables, sobre todo, para población de bajos ingresos.

A propósito de la explosión de prometedores fármacos contra la obesidad, auguran que el impacto será “bajo a nivel mundial a corto plazo debido al alto coste” de estas terapias. Jaume Marrugat, epidemiólogo del Hospital del Mar Research Institute y firmante también de este estudio, defiende, en cambio, el potencial de estas terapias para virar, al menos en países de altos ingresos, la curva de la obesidad. “Estos fármacos terriblemente efectivos. Contrariamente a lo que pensábamos en 2015, el pronóstico es que veremos una inflexión y podremos ver un declive de la obesidad. Ojalá que no me equivoque porque, si no, será un drama lo que nos viene encima”.

 

Fuente: El País Salud (España)

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