24 junio, 2024 23:19
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Gobierno de Gaza denuncia bombardeo israelí a iglesia en la que se resguardaban desplazados

La Iglesia de San Porfirio en Gaza, tras ser bombardeada. Foto La Gaceta

El Ministerio del Interior del gobierno de Hamás denunció hoy que muchos desplazados que se resguardaban en una iglesia en Gaza murieron y otros resultaron heridos por un bombardeo israelí.

En un comunicado, la cartera de Interior señaló que el bombardeo causó «muchos mártires y heridos» en la iglesia griega ortodoxa de San Porfirio.

Testigos citados por la agencia AFP señalaron que el ataque parecía tener como objetivo un lugar cercano, mientras el Ejército israelí dijo que estaba verificando las informaciones.

El bombardeo dañó una fachada de la iglesia y derrumbó el lugar adyacente. Muchos heridos fueron evacuados al hospital, agregaron.

San Porfirio, la más antigua iglesia todavía activa en el enclave palestino, situada a la sombra de un minarete, se encuentra en el barrio histórico del Viejo Gaza, donde, según la tradición, están las reliquias de esta ermita y del obispado de Gaza del siglo V.

La iglesia no está lejos del hospital Al Ahli, donde un disparo de cohete causó 471 muertos en la noche del martes, de acuerdo a las autoridades de Hamás.

El número de cristianos en el enclave palestino, en su mayoría ortodoxos, es de unos mil, frente a 7.000 antes de la toma del poder por parte de Hamás en 2007 en ese territorio palestino de 2,3 millones de habitantes.

Filas para conseguir pan, agua amarillenta y explosiones que no cesan

(Por ISABEL DEBRENAJIB JOBAIN desde JAN YUNIS, Franja de Gaza)

ARCHIVO - Palestinos se amontonan para comprar pan en una panadería de Jan Yunis, Franja de Gaza, el domingo 15 de octubre de 2023. (AP Foto/Fatima Shbair)

Keshawi, su esposa, sus dos hijos, sus dos hijas y sus pequeños nietos están tratando de sobrevivir en esa pequeña habitación.

El ejército israelí ha bombardeado Gaza sin descanso tras la incursión de Hamas en el sur de Israel hace casi dos semanas y la sensación de desesperación de la familia Keshawi es cada vez mayor. La comida se está acabando e Israel ha bloqueado hasta ahora cualquier entrega de suministros.

Keshawi hierve el agua y espera lo mejor.

 

“¿Cómo diablos el mundo entero simplemente observa y deja que Israel corte el agua?”, dijo molesto Keshawi, de 59 años de edad, un investigador educado en Estados Unidos del International Crisis Group.

Que el mundo esté observando, señaló, es lo que más lo entristece.

En ocasiones hay tantos ataques aéreos que no pueden salir a buscar alimento. Pero las reservas de su familia se están agotando, por lo que trata de conseguir pan cuando puede. El jueves, la fila para obtener una hogaza de pan era caótica y le tomó cinco horas conseguirla. Varias panaderías han sido bombardeadas. Otras han cerrado porque no tienen agua ni electricidad suficiente. Y las autoridades siguen tratando de descifrar la logística para entregar ayuda humanitaria a Gaza desde Egipto.

Keshawi tiene dinero para comprar comida para sus nietos. Pero casi no hay nada para comprar. Los niños a menudo comen pan duro y beben leche en polvo. Unos cuantos palestinos que tienen granjas de pollos y cuentan con estufas de gas operan cocinas de comida para llevar desde sus viviendas, y le piden a los clientes que esperen durante horas para obtener un plato no muy abundante de arroz y pollo. Keshawi desearía no haber visto el agua que utilizaban para cocinar: un líquido con un desconcertante tono amarillo, procedente de una carreta tirada por un burro. No se lo dijo a su esposa.

“No es momento de ser quisquilloso”, comentó desde la casa de un amigo donde buscó refugio luego de seguir una orden del ejército de Israel de evacuar la Ciudad de Gaza. “No sabemos si habrá algo disponible mañana”.

El inodoro de la casa está casi lleno hasta el borde de orina. El agua residual tras lavar los platos la utilizan para descargar el retrete. Sin comida ni agua suficientes, no utilizan mucho el baño.

La noche es lo más difícil, señaló. Cuando hay bombardeos cerca y las explosiones iluminan el cielo, los adultos reúnen la poca voluntad que tienen para calmar a los niños.

“¡Bum!”, gritan y celebran cuando truenan las bombas. Los bebés ríen.

Keshawi dijo que trata de poner buena cara. Pero a menudo, comentó, no puede parar de llorar.

“Realmente me está matando”, dijo. “Realmente me rompe el corazón”.

 

Fuente: TELAM – AP – AFP – Reuters

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