10 agosto, 2022 15:02
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Cómo y con qué armas fue el asesinato del líder de Al Qaeda

Dos misiles Hellfire teledirigidos a un balcón en el centro de Kabul: así ha matado EE UU a Ayman al Zawahiri. Una de las armas más novedosas en la guerra de drones contra el terrorismo fue clave en el ataque contra el líder de Al Qaeda e ideólogo del 11-S.

IKER SEISDEDOS – DANIELE GRASSO – YOLANDA CLEMENTE

Son las 6:18 del domingo 31 de julio en Kabul. Dos misiles teledirigidos impactan contra un edificio de la capital afgana. Es una casa de tres plantas en el exclusivo barrio diplomático de Sherpur, una zona que acostumbran a frecuentar los funcionarios del Gobierno talibán. Está a escasos metros de las embajadas del Reino Unido o de Francia.

Así quedó la casa tras el impacto de los misiles, según varios reporteros y testigos en la zona. Fotografía de @aarash_afg
Así quedó la casa tras el impacto de los misiles, según varios reporteros y testigos en la zona. Fotografía de @aarash_afg

 

A 10.800 kilómetros, Joe Biden, confinado por coronavirus, sigue la operación desde la Casa Blanca, donde son las 21:48 del sábado. Apenas 48 horas después, el presidente de Estados Unidos confirma que el ataque fue un éxito: Washington ha matado a Ayman al Zawahiri, uno de los ideólogos de los atentados del 11-S junto a Osama Bin Laden, a quien sucedió al frente de la organización después de su muerte en 2011. El terrorista se refugiaba al menos desde abril en la capital afgana, en una casa que los vecinos de la zona creían abandonada.

Las autoridades talibanes taparon el edificio con unas lonas horas después del ataque, pero en sus paredes no se aprecian quemaduras, restos de explosiones o signos de detonación: varios analistas apuntan a que algo así solo puede deberse a que en el ataque se haya usado la última generación de la familia de misiles Hellfire, el AGM-114R9X.

El misil ninja, como se conoce al modelo R9X, se usa cada vez más frecuentemente en ataques de precisión contra líderes terroristas. Un alto funcionario de la Casa Blanca se limitó a explicar el lunes en Washington en una llamada con periodistas que la munición empleada eran “dos misiles” Hellfire, sin dar más detalles.

Un coche tras un ataque de R9X, en Idlib, Siria. Las cuchillas producen cortes limpios en la carrocería del coche. Imagen: Bellingcat:

El coche del líder de Al Qaeda Abu Khayr al Masri, golpeado por un R9X en Siria, en 2017. La precisión del arma hace que las ventanillas del coche no revienten tras el impacto. Tobias Schneider. Khaled Abdullah/ Reuters

Lo novedoso de este misil es que no carga explosivos: mata por su velocidad y porque se despegan de su cuerpo seis cuchillas antes del impacto.

Se utilizó por primera vez en 2017 y hay mucho secretismo en torno a cómo funciona. No hay imágenes oficiales del misil intacto, pero sí se ha reconstruido a partir de restos en otros ataques. Una investigación de los expertos en verificación de Newsly y Bellingcat concluyó que, hasta hoy, se ha utilizado en al menos 11 ocasiones en países como Siria, Yemen o Afganistán.

El dron, equipado con sofisticadas cámaras, sobrevuela su objetivo y dispara dos misiles. La cabeza bélica impacta a gran velocidad. No produce detonación. Sus seis cuchillas se despliegan segundos antes del impacto, cortando todo lo que encuentran a su paso. (Fuente: Bellingcat, New York Times y elaboración propia).

Su primera aparición oficial fue en un artículo del Wall Street Journal de mayo de 2019, que documenta el ataque al coche del líder adjunto de Al Qaeda, Abu Khayr al Masri, en Siria, dos años antes. Un misil normal habría destrozado el coche con su onda expansiva, que habría hecho añicos las ventanillas y dejado restos causados por la detonación alrededor. “Al emplear un R9X, gran parte del vehículo queda intacto. Los cortes de las cuchillas parecen ser la ‘firma’ del R9X”, describía Nick Waters, exmilitar y analista. La parte del coche de al Masri que no sufrió el impacto directo del proyectil quedó intacta.

El misil se empezó a desarrollar hace una década, durante la Administración de Obama, y parece tan preciso que no provoca víctimas inocentes. Human Rights Watch ha recordado, sin embargo, que la precisión de un misil teledirigido es tan buena como la información que lo guía. Por sí solos no evitarían las más de 500 muertes de víctimas civiles que los drones estadounidenses habrían provocado en Afganistán solo desde 2015. Las últimas fueron las 10 personas que murieron hace casi un año, a los pocos días de la salida del ejército estadounidense del país.

21 años de búsqueda

En su comparecencia del lunes, Biden repitió en dos ocasiones en siete minutos que la operación había sido un éxito porque no había causado “bajas civiles”. Un alto funcionario de la Casa Blanca explicó que esa parte era fundamental en el plan, teniendo en cuenta que el objetivo era en una poblada zona del centro de Kabul.

Los servicios de inteligencia estadounidenses obtuvieron información a principios de 2022 de que Al Zawahiri se refugiaba en ese edificio sin nombre, junto a su mujer, su hija y sus nietos. Durante años, sus informes situaron en Pakistán al cabecilla de Al Qaeda, que ya sobrevivió por los pelos en la batalla de la remota región de Tora Bora, en diciembre de 2001.

La operación que acabó con su vida se llevó a cabo en secreto, y solo un número reducido de miembros de varias agencias situadas en Washington estuvieron al tanto desde el principio, en abril. Recopilaron datos sobre los hábitos de los miembros de la casa. Al Zawahiri no la abandonó nunca durante todos estos meses, pero tenía la costumbre, que se acabó demostrando fatal, de salir al balcón a tomar el aire. “Solo cuando tuvimos toda la información bien definida”, aclaró el alto funcionario, “la compartimos con el presidente”.

Ese momento llegó en mayo. El 1 de julio se celebró en una reunión de la que ha trascendido una fotografía, distribuida este martes por la Casa Blanca. En ella, se ve a Biden sin mascarilla, rodeado de algunos de sus más estrechos colaboradores, ellos sí, enmascarados: el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, está sentado a su izquierda. A su derecha, se ve a William Burns, director de la CIA, la agencia que llevó las riendas del ataque.

Joe Biden, en la 'Situation Room' de la Casa Blanca, es informado sobre la operación para matar a Ayman al-Zawahiri
Joe Biden, en la ‘Situation Room’ de la Casa Blanca, es informado sobre la operación para matar a Ayman al-ZawahiriADAM SCHULTZ (AP)

En el centro de la larga mesa hay una caja cerrada con forma de maleta con la maqueta de la vivienda franca, que, según el alto funcionario de la Casa Blanca, es propiedad de un ayudante de Sirajuddin Haqqani, ministro del Interior del Gobierno talibán y líder de la red Haqqani, notoria organización terrorista vinculada con Al Qaeda. En aquella reunión, Biden, según el citado funcionario, se interesó por la meteorología de Kabul en esta época del año, por los materiales empleados en la construcción del edificio o por las consecuencias que la operación podría tener para Mark Randall Frerichs, un estadounidense que permanece desaparecido en Afganistán desde 2020. Solo cuando tuvo claro que el ataque no causaría daños colaterales, el pasado 25 de julio, lo aprobó, siempre según la Casa Blanca.

Ese mismo día, Biden se había confinado de nuevo, después de superar el coronavirus. Tras tres días de test negativos, dio de nuevo positivo, por efecto de un medicamento antiviral, Paxlovid, que le fue administrado, a sus 79 años, para combatir los síntomas. Dos días después, aún aislado, compareció ante los estadounidenses para dar una noticia que la Casa Blanca llevaba 21 años queriendo dar y por la que el Departamento de Estado ofrecía una recompensa de 25 millones de dólares. La columna intelectual de Al Qaeda había muerto. “Por fin se ha hecho justicia y este líder terrorista ya no existe”, sentenció Biden.

Fuente: El País

 

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