7 agosto, 2022 15:34
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Cambio climático: el Gran Lago Salado de Utah se está secando

Flavelle reporteó esta historia desde Utah, para ver cómo el cambio climático está alterando el Gran Lago Salado, y desde California, para ver lo que podría ocurrir si el lago se seca.

Si el Gran Lago Salado, que ya se ha reducido en dos tercios, sigue secándose, esto es lo que nos espera: Las moscas y las artemias del lago morirían —los científicos advierten que todo podría empezar este verano— amenazando a los 10 millones de aves migratorias que se detienen en el lago anualmente para alimentarse de las diminutas criaturas. Las condiciones para esquiar en las estaciones sobre Salt Lake City, una fuente vital de ingresos, se deteriorarían. La lucrativa extracción de magnesio y otros minerales del lago podría cesar. Lo más alarmante es que el aire que rodea Salt Lake City en ocasiones se volvería venenoso. El lecho del lago contiene altos niveles de arsénico y, a medida que este se expone más, las tormentas de viento llevan ese arsénico a los pulmones de los residentes cercanos, que constituyen tres cuartas partes de la población de Utah.

Como el cambio climático sigue provocando una sequía sin precedentes, no hay soluciones fáciles. Para salvar el Gran Lago Salado habría que dejar que el deshielo de las montañas fluyera hacia el lago, lo que significaría menos agua para los residentes y los agricultores. Eso pondría en peligro el vertiginoso crecimiento demográfico de la región y la agricultura de alto valor, algo a lo que los dirigentes estatales parecen reacios.

El dilema de Utah plantea una pregunta central a medida que el país se calienta: ¿Qué tan rápido están dispuestos los estadounidenses a adaptarse a los efectos del cambio climático, incluso cuando esos efectos se vuelven urgentes, obvios y potencialmente catastróficos?

Hay mucho en juego, según Timothy D. Hawkes, un legislador republicano que quiere acciones más agresivas. De lo contrario, aseguró, el Gran Lago Salado tendrá el mismo destino que el lago Owens de California, que se secó hace décadas, produciendo los peores niveles de contaminación por polvo en Estados Unidos y ayudando a convertir a la comunidad cercana en un auténtico pueblo fantasma. “No es solo alarmismo”, afirmó sobre la desaparición del lago. “En realidad puede ocurrir”.
Vista desde un satélite del Gran Lago Salado captada en septiembre de 1987.
Credit EROS Center, USGS
El Gran Lago Salado en mayo de 2021
Credit EROS Center, USGS
Un oasis moderno y amenazado

Digamos que te subiste a un automóvil en la orilla del Pacífico y comenzaste a conducir hacia el este, trazando una línea a través del centro de Estados Unidos. Después de cruzar las montañas Klamath y Cascade en el norte de California, verdes y exuberantes, llegarías al desierto de la Gran Cuenca de Nevada y el oeste de Utah. En una de las partes más secas del país, el paisaje es de un marrón muy pálido, casi gris.

Pero sigue hacia el este, y justo al lado de Wyoming habría un oasis moderno: una estrecha franja verde, que abarca unos 160 kilómetros de norte a sur, la cual alberga una metrópolis ininterrumpida bajo montañas nevadas, al abrigo de arces y perales. En el borde de ese oasis, entre la ciudad y el desierto, está el Gran Lago Salado.

Los habitantes de Utah llaman a esa metrópolis el Wasatch Front, por la cordillera Wasatch, de más de 3600 metros de altura, que se encuentra sobre ella. Se extiende aproximadamente desde Provo, en el sur, hasta Brigham City, en el norte, con Salt Lake City en el centro, y es una de las zonas urbanas de más rápido crecimiento en Estados Unidos: alberga a 2,5 millones de personas, atraídas por la belleza natural y el costo de vida relativamente modesto.

Esta megaciudad es posible gracias a un pequeño milagro hidrológico. La nieve que cae en las montañas al este de Salt Lake City alimenta tres ríos —el Jordan, el Weber y el Bear— que proporcionan agua a las ciudades y pueblos del Wasatch Front, así como a las tierras de cultivo cercanas, antes de desembocar en el Gran Lago Salado.

Hasta hace poco, ese sistema hidrológico contaba con un equilibrio delicado. En verano, la evaporación hacía descender el lago casi 60 centímetros; en primavera, tras derretirse el manto de nieve, los ríos lo rellenaban.

Joel Ferry, legislador estatal cuyo rancho se encuentra en el lado norte del Gran Lago Salado. “Tenemos esta bomba nuclear medioambiental en potencia que va a estallar si no tomamos medidas drásticas”.
Joel Ferry, legislador estatal cuyo rancho se encuentra en el lado norte del Gran Lago Salado. “Tenemos esta bomba nuclear medioambiental en potencia que va a estallar si no tomamos medidas drásticas”.
El reseco sistema de canales del río Bear, que riega las tierras de cultivo desviando el agua que de otro modo llegaría al Gran Lago Salado.
Ahora, dos cambios están desequilibrando el sistema. Uno es el crecimiento explosivo de la población, que desvía más agua de esos ríos antes de que lleguen al lago. El otro es el cambio climático, según Robert Gillies, profesor de la Universidad Estatal de Utah y climatólogo del estado de Utah. El aumento de las temperaturas hace que una mayor cantidad de nieve se transforme en vapor de agua, que luego escapa a la atmósfera, en lugar de convertirse en líquido y correr hacia los ríos. Más calor también significa una mayor demanda de agua para el pasto o los cultivos, lo que reduce aún más la cantidad que llega al lago.

Y un lago que disminuye significa menos nieve. Cuando las tormentas pasan por encima del Gran Lago Salado, absorben parte de su humedad, que luego cae como nieve en las montañas. Un lago en vías de desaparición pone en peligro ese patrón.

“Si no hay agua, no hay industria, ni agricultura, ni hay vida tampoco”, dijo Gillies.

El verano pasado, el nivel de agua del Gran Lago Salado alcanzó el punto más bajo que se haya registrado en su historia, y es probable que siga descendiendo este año. La superficie del lago, que cubría unos 8547 kilómetros cuadrados a finales de la década de 1980, se ha reducido desde entonces a menos de 2590, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

El contenido de sal en la parte del lago más cercana a Salt Lake City solía fluctuar entre el nueve y el 12 por ciento, según Bonnie Baxter, profesora de Biología del Westminster College. Sin embargo, a medida que el agua del lago ha descendido, su contenido de sal ha aumentado. Si alcanza el 17 por ciento —algo que, según Baxter, ocurrirá este verano—, las algas del agua tendrán problemas para sobrevivir, lo cual amenaza a las artemias que las consumen.

Aunque el ecosistema aún no ha colapsado, Baxter dice que “estamos al borde del precipicio. Es aterrador”.

Kevin Perry, profesor de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Utah, en la tierra que solía estar sumergida por el Gran Lago Salado.

Fuente: The New York Times

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